Un análisis de la evolución del ingreso por habitante y la inversión en la Argentina indica que, para alcanzar el nivel de vida de Australia en una generación, el país debería sostener un crecimiento del PIB per cápita cercano al 4% anual, con una tasa de inversión superior al 34% del PIB si no se registran mejoras de productividad.
Un informe elaborado sobre la base de datos históricos y proyecciones económicas señala que la Argentina, para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, requiere décadas de estabilidad macroeconómica y ganancias de productividad. El análisis compara la evolución del país con la de Australia y Corea del Sur.
Según el documento, a comienzos del siglo XX la Argentina compartía con Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Australia las características de los países de “asentamiento reciente”: abundancia de recursos naturales, inmigración y formación de capital humano.
Desde entonces, el ingreso por habitante de los argentinos creció a una tasa promedio anual de 0,8%. A ese ritmo, un argentino necesita 87,5 años para duplicar su nivel de vida. En Australia, con un crecimiento anual de 1,7%, el tiempo requerido es de aproximadamente 41 años.
El informe utiliza datos de la base Arklems+Land del Centro de Estudios de la Productividad. En 2011, año en que la Argentina alcanzó su máximo nivel de producción, la inversión bruta representó el 21,5% del PIB. No obstante, cerca del 70% de ese esfuerzo se destinó a reponer y mantener el capital existente, por lo que la inversión neta de depreciación fue de 10,6% del PIB. Actualmente, ese indicador se ubica en 4,2% del PIB.
El análisis plantea dos escenarios. Si la Argentina mantuviera un crecimiento del PIB per cápita de 1% anual sin mejoras de productividad, necesitaría una tasa de inversión cercana al 21,1% del PIB. Para cerrar en tres décadas la brecha de nivel de vida con Australia, el crecimiento debería ser de aproximadamente 4% anual, lo que exigiría una tasa de inversión superior al 34,3% del PIB.
La experiencia de Corea del Sur muestra que el crecimiento no depende únicamente de invertir más. Durante décadas, ese país combinó altos niveles de inversión con ganancias de productividad total de los factores cercanas al 2% anual, lo que le permitió sostener un fuerte crecimiento con una tasa de inversión de alrededor del 25,6% del PIB.
Para que la Argentina crezca como Corea del Sur y alcance niveles de desarrollo comparables a los de Australia en una generación, el informe indica que debería sostener un esfuerzo de inversión equivalente a seis puntos adicionales del PIB y duplicar las mejoras de productividad logradas durante los años 90.
El documento señala que ello implica un fuerte dinamismo de la inversión y la productividad en todos los sectores, especialmente en infraestructura de transporte y digital. También exige estabilidad macroeconómica permanente, ahorro doméstico para financiar la inversión sin recurrir a deuda externa, y reglas de juego y patrón monetario y cambiario previsibles.
El informe concluye que la Argentina necesita invertir más y mejor durante décadas, algo que no logra desde mediados del siglo XX.
