El sociólogo y analista internacional Gabriel Puricelli se refirió al concepto de ‘campaña antiargentina’ en el programa QR! de Canal E. Cuestionó su uso por su vinculación con la última dictadura militar y lo contextualizó en la dinámica de los algoritmos.
El sociólogo y analista internacional Gabriel Puricelli afirmó en el programa “QR!”, de Canal E, que rechaza el término “campaña antiargentina” para describir las repercusiones internacionales generadas en redes sociales tras el Mundial. Puricelli recordó que esa expresión fue utilizada por la última dictadura militar (1976-1983) para desacreditar denuncias internacionales por violaciones a los derechos humanos, y consideró necesario preservar ese significado histórico.
Consultado por el conductor Pablo Caruso, Puricelli sostuvo que la discusión debe entenderse en el contexto del funcionamiento de las plataformas digitales. Explicó que los algoritmos priorizan contenidos que generan indignación y mayor interacción, amplificando publicaciones que antes quedaban limitadas a conversaciones privadas. “El algoritmo busca nuestra atención y nuestra indignación”, señaló, y advirtió que esa dinámica contribuye a multiplicar mensajes poco elaborados que adquieren alcance global.
El analista también sostuvo que algunas críticas dirigidas hacia Argentina reproducen miradas eurocéntricas y trasladan conceptos elaborados para otras realidades históricas. A su juicio, existen categorías válidas para analizar sociedades con pasado colonial y economías esclavistas que no siempre resultan aplicables al contexto argentino. No obstante, remarcó que esa discusión no debe utilizarse para negar la existencia de formas de racismo estructural en la sociedad argentina, sino como oportunidad para una reflexión más amplia.
En relación con el rol del Gobierno, Puricelli consideró que un Estado democrático debería contribuir a ordenar el debate público, pero sostuvo que la actual administración no está en condiciones de hacerlo por su propio posicionamiento. Además, advirtió que las redes sociales favorecen la polarización y deterioran la calidad del intercambio democrático. “Las redes sociales vuelven a probar que son una máquina de envenenar el debate público”, afirmó. Finalmente, llamó a reducir la velocidad de circulación de estos contenidos y a no contribuir a su difusión. “Lo más inteligente es quitarle velocidad a todo esto y no seguir alimentando el barco de la desinformación y de la indignación”, concluyó.
