El obispo auxiliar de La Plata y compañero de Robert Prevost en la Orden de San Agustín se refirió a la personalidad del papa León XIV y a su próxima visita pastoral a la Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre. En una entrevista, Bochatey describió al pontífice como “un hombre de mucha interioridad” y sostuvo que su vida sacerdotal representa la Iglesia que Francisco promovió en sus mensajes.
Días después de su elección en Roma, el papa León XIV le dio una respuesta simple y desacartonada al obispo argentino Alberto Bochatey, con quien había estudiado y compartido trabajos durante muchos años en la Orden de San Agustín.
La relación de confianza entre ambos se prolonga hasta hoy y Bochatey, de 71 años –la misma edad que el Papa–, confía en que los argentinos se enriquecerán con el mensaje que León XIV traerá en su visita pastoral del 8 al 11 de noviembre. Y considera que Prevost representa en su vida sacerdotal la Iglesia del siglo XXI que Francisco construyó en sus mensajes, gestos y discursos. “Una Iglesia pobre y para los pobres, en salida, misionera, una Iglesia que pise el barro. Cuando uno ve la vida de Robert Prevost, él no lo escribió, pero lo hizo”, reveló su amigo Bochatey.
–¿Cómo es el trato, finalmente: Robert o León?
–Obviamente, para mí, como sacerdote, como obispo, es el papa León XIV. Pero, como agustino, hace 40 años que es Roberto. Siempre que le escribo le pongo los dos nombres: querido León, querido Roberto…
–¿Cómo nació la amistad con Robert Prevost?
–Nos conocimos en los años 80, éramos jóvenes sacerdotes. Él estudiaba derecho canónico y yo, teología moral, pero vivíamos en la misma comunidad, en Roma. Prevost volvió después a Chicago y pidió ir de misionero a Perú. Y se fue a Chulucanas, en las montañas. Yo regresé a Buenos Aires. Ambos formamos parte de la Organización de los Agustinos de América Latina y el Caribe y allí compartimos actividades diversas, encuentros, retiros, preparación de documentos y muchas veces nos encontramos en comisiones, en viajes.
–¿Siguió el contacto cuando él fue a Roma?
–En septiembre de 2001, Prevost fue elegido superior general de los agustinos y permaneció en Roma doce años (dos períodos de seis años) y en 2010 me llevó allá, como superior del Colegio Internacional Santa Mónica, la casa de formación donde habíamos estudiado. Tres años después, Benedicto XVI me hizo obispo y volví a la Argentina como obispo auxiliar de La Plata. Prevost terminó al poco tiempo su período como superior general y le pidieron que se quedara en Roma. Pero quiso volver como misionero a Perú. En 2015 Francisco lo nombró obispo de Chiclayo.
–¿Cómo era la relación de Prevost con Francisco?
–Siendo obispo de Chiclayo Francisco le asignó tareas complejas. En 2020 lo nombró al mismo tiempo administrador apostólico en la diócesis peruana de El Callao, que enfrentaba una fuerte crisis interna, por tensiones clericales y pastorales que supo resolver.
–¿Francisco valoraba a Prevost por su capacidad para resolver conflictos?
–Lo fue conociendo y valorando con el tiempo. Cuando lo designó en Chiclayo, yo le agradecí que nombrara un obispo agustino. Y Francisco me miró serio y me dijo: “Ese hombre es una reserva moral de la Iglesia”. Tenía un concepto altísimo de Prevost. Años después lo llevó al Vaticano, lo puso al frente del Dicasterio para los obispos y lo hizo cardenal.
–¿Qué rasgos sobresalen en la personalidad de León XIV?
–Es un hombre de mucha interioridad. No es que sea tímido o callado. Es profundo. Habla poco, pero habla. Es simpático, fue un brillante estudiante y todos vemos ahora cómo se desenvuelve. Es divertido, deportista, una persona normal con grandes virtudes y una capacidad de escucha. Ahora que viene a la Argentina será muy importante que nos escuche y que nosotros lo escuchemos.
–¿Viajó a la Argentina más de una vez?
–Sí, conoce la Argentina, ha estado varias veces. Una de las misiones que tiene el superior general de la Orden de San Agustín es visitar todas las comunidades de los frailes. Prevost visitaba los países donde estábamos y en los dos períodos de seis años dio la vuelta al mundo dos veces. Ha estado en la India, en China, en Laos, en Vietnam, por todo el mundo. Tiene una visión de la Iglesia muy amplia, conoce los cinco continentes, habla cuatro idiomas, es muy preparado.
–¿Viajó a la Argentina para asistir a su ordenación episcopal?
–Sí, hizo visitas canónicas a la Argentina y vino para mi ordenación episcopal. A mí me nombró obispo Benedicto XVI, pero en febrero de 2013 él renunció y mi consagración fue el 9 de marzo de ese año, cuando la Santa Sede estaba vacante y cuatro días antes de la elección de Francisco. Yo pedía que eligieran a un Papa que yo pudiera conocer, con el que me pudiera entender, y eligen a Jorge Bergoglio. Yo no pedía tanto… decía en broma. Cuando murió Francisco fue una pena muy grande y yo pensaba que se cerraba algo que nunca se iba a repetir: que el Papa conociera a uno por el nombre y apellido. Y a los pocos días eligen a mi compañero Robert Prevost, que me conoce más que Bergoglio. Tengo una responsabilidad muy grande de fidelidad al Papa.
–Bergoglio y Prevost celebraron una misa juntos en la parroquia San Agustín.
–Sí, eran dos futuros papas juntos. Fue en 2004, en un congreso de agustinología que hicimos en Buenos Aires. Prevost llegó como superior general de la orden e invitamos a Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires. Prevost fue también a los valles calchaquíes, donde tenemos las misiones de Cafayate, Salta y Santa María y también estuvo en Mendoza, en Buenos Aires y en Montevideo. Además, inauguró nuestro seminario en Devoto y la Biblioteca Agustiniana.
–¿En este viaje como Papa no tendrá un encuentro con los agustinos?
–Nosotros pedimos poder saludarlo como familia agustiniana, pero no hemos tenido respuesta. Viendo el cronograma, tan apretado lo veo difícil.
–¿Cómo evalúa la visita al Cottolengo Don Orione?
–La visita al Cottolengo es una maravilla. Es una obra fantástica, no siempre bien conocida ni reconocida. Asisten en forma integral a más de 400 personas y ahí está todo: hay pobreza, abandono, discapacidad, enfermedades, necesidades de todo tipo. Es un cuadro total de la mayor pobreza e indigencia de todo el país. Además, irá a la cárcel de Devoto. Visitar a los presos es un mandato bíblico. Me parece una agenda perfecta, por el poco tiempo que hay.
–¿Hubo algún hecho puntual que haya influido en Bergoglio para fijarse en él?
–Puede haber habido, yo no lo conozco. Pero sé que Francisco lo vio moverse. Bergoglio lo conoció en Buenos Aires. Incluso, el propio Prevost contó una vez que habían tenido diferencias de criterio en algún tema específico. Creo que Bergoglio evaluó lo que fue la vida de Prevost.
–¿En qué sentido?
–Francisco nos describió en sus discursos, encíclicas y documentos la Iglesia ideal para el siglo XXI, una Iglesia pobre y para los pobres, una Iglesia en salida, misionera, una Iglesia que pise el barro. Cuando uno ve la vida de Robert Prevost, él no lo escribió, pero lo hizo. Salió de Estados Unidos a la misión en Chulucanas, una Iglesia pobre total, en una zona sin agua corriente. Después de 12 años en Roma quiso volver a la misión. Todo eso que Francisco describió como misión de la Iglesia en este tiempo, él lo hizo.
–En Perú tuvo una acción muy decidida en defensa de las víctimas de los casos de abusos.
–Francisco ratificó la política de tolerancia cero que había iniciado Benedicto XVI y Prevost lo vivió en Perú. Siendo obispo le tocó varios casos. Actuó también en defensa de las víctimas en el caso del Sodalicio de Vida Cristiana, que finalmente Francisco suprimió. En el viaje a Francia que comenzó este viernes programó un encuentro con víctimas de abusos. León es muy claro.
–¿Qué desafíos tiene ahora León XIV en su papado?
–Los dos desafíos que puso en evidencia desde el primer día: la paz y la unidad. Cuando llega siempre saluda diciendo “la paz esté con ustedes” y tiene muy en el corazón el lema de su episcopado: “In Illo uno unum” (En el único Cristo, somos uno), una frase de San Agustín. La Iglesia sin unidad no es Iglesia. La comunidad es necesaria, justo en un tiempo en el que se exalta la individualidad. La gente quiere vivir sola, separada, no me molestes.
