La Federación Canófila Mexicana (FCM) reconoce únicamente tres razas caninas nativas de México: el chihuahueño, el xoloitzcuintle y el calupoh. El ‘perro caramelo’ no cumple con los requisitos científicos y zootécnicos para ser considerado una raza.
En México, la Federación Canófila Mexicana (FCM) reconoce solo tres razas caninas nativas, pese a la presencia de perros en el territorio desde hace aproximadamente ocho mil años. El chihuahueño, el xoloitzcuintle y el calupoh son los únicos perros mexicanos con aval oficial, según explicó Elizardo Valadez Franco de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El ‘perro caramelo’ no figura en este listado debido a que no cumple con los requisitos científicos ni zootécnicos exigidos por los organismos especializados. La mayoría de los perros que viven en calles y espacios públicos carecen de linaje definido y son conocidos popularmente como mestizos o criollos.
La FCM solo reconoce tres razas originarias de México
La Federación Canófila Mexicana establece criterios estrictos para otorgar el estatus de raza a una población canina. Se requiere una combinación de estudios genéticos, registros genealógicos y análisis arqueológicos para probar tanto la historicidad como la estabilidad hereditaria de los ejemplares.
También existe una regulación a nivel internacional, la Federación Cinológica Internacional (FCI), que reúne alrededor de 95 países afiliados, incluido México, y establece los estándares. ‘Si no existiera una organización de este tipo, cada quien haría su propio chihuahua o su gran danés; tiene que haber un estándar que se respete de manera general’, explicó Valadez Franco.
Para la FCM, hasta ahora, solo tres perros mexicanos cumplen con los requisitos: el chihuahueño, el xoloitzcuintle y el calupoh.
Chihuahueño
El chihuahueño, también conocido como chihuahua, es el perro de menor tamaño en el mundo. Su origen se ubica en el norte de México y su reconocimiento internacional data del 4 de diciembre de 1959, según la Federación Cinológica Internacional. Los ejemplares presentan orejas grandes, cabeza redondeada y un carácter vivaz, además de una gran variedad de colores en el pelaje.
Xoloitzcuintle
El xoloitzcuintle es una de las razas más antiguas del continente. Se distingue principalmente por su piel desnuda, aunque existen ejemplares con pelo. Fue considerado sagrado en culturas prehispánicas y está vinculado a rituales funerarios y creencias sobre el tránsito al inframundo. Su estandarización como raza fue oficializada el 6 de noviembre de 1961.
Calupoh
El calupoh es producto de la hibridación entre perro y lobo gris mexicano, una práctica que se remonta al México prehispánico. El primer ejemplar reconocido fue identificado en 1999 tras un trabajo arqueozoológico y genético. Según la Federación Canófila Mexicana, el calupoh ya cuenta con estándares definidos de color, tamaño y morfología, lo que permite su reproducción controlada y su reconocimiento como raza nacional.
Estas tres razas representan la diversidad genética y cultural de la especie canina en México, y su reconocimiento es el resultado de décadas de investigación, análisis histórico y trabajo científico conjunto.
El ‘perro caramelo’ carece de aval científico y técnico
En abril de 2026, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México anunció el reconocimiento simbólico del ‘perro caramelo’ como una ‘raza’ mexicana, con el objetivo de fomentar la adopción y visibilizar a estos ejemplares. Sin embargo, expertos en genética y zootecnia señalaron que esta medida carece de sustento científico.
Luis Eduardo Arozamena Montfort, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, explicó que para que un perro sea considerado raza se requieren criterios estrictos: estudios genéticos, reproducción controlada, estabilidad hereditaria y la definición de estándares precisos.
El ‘perro caramelo’ es un perro mestizo, producto de múltiples cruces, cuya diversidad genética impide establecer uniformidad en tamaño, temperamento o estructura. Según Arozamena Montfort, este proceso formal de reconocimiento de una raza implica décadas de trabajo.
