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martes, 8 septiembre, 2026
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Un venezolano deportado desde EE.UU. a Liberia declaró que buscará asilo en Europa

Un venezolano de 45 años, deportado en agosto desde Estados Unidos a Liberia, afirmó que ya no desea residir en territorio estadounidense y que planea solicitar asilo en Europa para reunirse con su familia.

Un venezolano de 45 años, identificado como A., fue deportado desde Estados Unidos a Liberia en agosto. El hombre, que residía con su familia en territorio estadounidense y trabajaba en el sector de la energía eólica, relató que durante varios meses estuvo bajo custodia migratoria y que posteriormente fue trasladado en un vuelo de 15 horas con esposas en pies y manos.

Según su testimonio, a comienzos de 2026 acudió junto a su esposa a una oficina de inmigración para un control de rutina. Ambos contaban con protección contra la repatriación a Venezuela y no tenían antecedentes penales. Durante el procedimiento, los agentes permitieron que su esposa se retirara, pero el hombre fue retenido.

Permaneció en cuatro centros de detención. Su abogado no recibió información sobre los traslados ni sobre la expulsión a Liberia. La deportación afectó a sus hijos: la hija asiste a terapia y pregunta por qué está lejos, mientras que el hijo mayor manifestó su intención de abandonar la escuela para trabajar y aportar económicamente al hogar.

El hombre declaró que, mediante videollamadas, intenta mantener el contacto con sus hijos. Sostuvo que su familia está «traumatizada» y que las autoridades «están destruyendo familias enteras». También expresó su temor de que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detenga a su esposa, lo que dejaría a sus hijos sin otros familiares en el país.

Ante esa situación, afirmó que ya no quiere vivir en Estados Unidos y que prefiere «pedir asilo en Europa» para llevarse a su familia. Sobre la posibilidad de regresar, indicó que las autoridades le «quitaron el deseo de volver».

Antes del vuelo, las autoridades le comunicaron que sería repatriado a Venezuela. El hombre respondió que correría peligro por su condición de opositor político, pero un funcionario le habría dicho que ya no arriesgaba «nada» porque Venezuela «ahora es libre». El entrevistado rechazó esa afirmación y señaló que el país «no es libre para nada», citando a amigos de la oposición que aún temen por su seguridad.

Durante la detención, dijo haber sufrido ataques de ansiedad y depresión. Al momento del abordaje, intentó resistirse, pero un agente le advirtió que podía subir por sus propios medios o ser llevado por la fuerza. Una vez en el avión, relató que los pasajeros comenzaron a llorar y que permanecieron «encadenados de pies y manos durante todo el viaje».

El contingente estaba compuesto por 20 personas de América Latina, el Caribe y África subsahariana. Según El País, seis se negaron a desembarcar en Monrovia y fueron trasladadas a Malabo, Guinea Ecuatorial. Los restantes fueron alojados en un hotel en Marshall, a unos 50 kilómetros de la capital liberiana, donde permanecen mientras abogados analizan sus casos.

El venezolano declaró que recibió «una buena acogida» en Liberia, que las habitaciones están limpias y que los huéspedes pueden entrar y salir libremente. Aunque no planea establecerse allí, manifestó que al menos ahora «es un hombre libre».

En el mismo hotel se encuentra W., un hondureño de 40 años también deportado desde Estados Unidos. El personal de la Organización Internacional para las Migraciones lo visita a diario y le brinda asistencia para tratar su diabetes. W. afirmó que siente temor fuera del recinto y que no se aleja más de 10 metros de la entrada por miedo a agresiones o robos.

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