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martes, 8 septiembre, 2026
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Darío Sztajnszrajber: “La verdad es que no hay verdad”

El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber dialogó con LA NACION sobre la crisis de las certezas, la diferencia entre verdad cotidiana, científica y filosófica, y el concepto de felicidad según Epicuro.

Darío Sztajnszrajber, filósofo argentino, sostuvo en una entrevista con LA NACION que la búsqueda de certezas absolutas se contrapone con corrientes filosóficas contemporáneas. Frente a la definición de filosofía, afirmó: “Fue cambiando mucho también la forma en que definimos a la filosofía, su búsqueda. Esa idea, que todavía pervive en muchas corrientes filosóficas, de que la filosofía es la búsqueda de la verdad, genera su problemática cuando algunas corrientes filosóficas establecen que finalmente el ser humano encuentra la verdad y la verdad es que no hay verdad”.

En ese marco, citó a Nietzsche: “no hay hechos, sino interpretaciones”. Diferenció tres tipos de verdad: la cotidiana, la científica y la filosófica. Explicó que la filosofía contemporánea concluye que “la verdad es que no hay verdad”, lo que implica un cambio respecto a las verdades cotidianas, que dependen de ejecuciones mecánicas y funcionales para asegurar el buen funcionamiento de la vida diaria.

“Cuando uno incursiona en la filosofía, por ahí es otro tipo de verdad la que uno está de algún modo buscando. Es una verdad, si querés, más ontológica, más, digamos, como sentido general. Es muy interesante esa diferencia. Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo. Justamente por el buen funcionamiento de las cosas”, declaró.

Agregó: “Una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera. Y ahí es como para discutir qué buscamos en nombre de la verdad. Lo podés asociar a un propósito existencial, más trascendente”.

Sobre la felicidad, Sztajnszrajber rechazó las fórmulas de éxito personal que circulan en redes sociales. Rescató el concepto de ataraxia de Epicuro, definido como “la imperturbabilidad del alma y la búsqueda de placeres mínimos”. Rememoró una anécdota con su madre, quien sintetizó la felicidad como la ausencia de molestias externas, coincidiendo con la noción de independencia epicúrea. A sus 58 años, admitió que no posee una respuesta definitiva sobre el propósito de la vida, pero señaló que su realización personal surge del deseo de saber y del ejercicio del asombro constante.

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