Fernando Tarapow, marino, abogado y guía antártico, es el primer ciudadano argentino en ser nominado a la Shackleton Medal, que reconoce la labor en protección de los polos.
La historia de Fernando Tarapow parece unir varias vidas en una sola. Marino durante más de cuatro décadas, abogado recibido después de 20 años de estudio, profesor universitario y guía de expediciones antárticas, hoy se convirtió en el primer argentino en quedar nominado para la Shackleton Medal, el premio internacional que reconoce a quienes trabajan activamente en la defensa ambiental de los polos.
La distinción lleva el nombre de Sir Ernest Shackleton, uno de los exploradores más emblemáticos de la historia polar. Entre 1914 y 1917 lideró la legendaria expedición del buque Endurance, que quedó atrapado en los hielos antárticos. Tras una travesía extrema, logró rescatar con vida a los 28 integrantes de su expedición, un episodio que lo convirtió en símbolo de liderazgo y supervivencia. A cien años de su muerte, en 2022, la fundación Shackleton creó la Shackleton Medal con el objetivo de mantener vivo ese legado y reconocer a científicos, exploradores, abogados, comunicadores y activistas comprometidos con la preservación del Ártico y la Antártida.
En ese escenario internacional apareció el nombre de Tarapow. Su candidatura nació a partir de una colega irlandesa que compartió expediciones con él y observó de cerca su trabajo en defensa del ambiente polar. “Ella vio todo el trabajo que yo vengo haciendo, mi preocupación por el calentamiento global, por el microplástico, por la conservación de los pingüinos y las ballenas”, relató. El argentino ya superó la primera instancia de selección y forma parte de la denominada “longlist”, una nómina preliminar desde la cual el jurado definirá luego la “shortlist” final. Aunque todavía resta atravesar nuevas etapas, la sola nominación ya representa un hecho histórico para el país.
“Yo soy nadie, soy un guía más. Lo único que hago es ponerle toda mi pasión a lo que hago”, afirmó con humildad. Sin embargo, entre quienes lo postularon, su nombre comenzó a circular rápidamente por una razón concreta: su compromiso permanente con la educación ambiental y la protección antártica. Tarapow trabaja como guía de expediciones en cruceros polares y asegura que cada viaje es también una misión pedagógica. “No pierdo la oportunidad de transmitir mi pasión por la Antártida”, explicó. Y agregó una definición que resume su filosofía: “Conocer no alcanza para proteger; vos tenés que amar para protegerla”.
Ese vínculo emocional con el continente blanco nació hace años, cuando aún era capitán de la Armada. Recordó que, en su último día en la Antártida como comandante del Puerto Deseado, sintió que algo dentro suyo había quedado inconcluso. “Tenía fotos con pingüinos, pero el pingüino era solamente un ave. Sentí que tenía que volver porque no había logrado conectar con la Antártida”, contó. Esa sensación, según describió, era similar a la de alguien que llega al aeropuerto y siente que olvidó algo importante.
A partir de allí comenzó un recorrido inesperado. Primero estudió derecho mientras seguía embarcado. Fueron dos décadas cursando materias libres entre viajes y responsabilidades familiares. “Las dificultades son solo cosas que hay que superar, después de todo”, recordó citando una de las frases favoritas de Shackleton. Finalmente se recibió en 2016 y rápidamente se especializó en derecho internacional y derecho antártico. Desde 2019 dicta la materia “Atlántico Sur y Antártida”, donde aborda soberanía, plataforma continental, áreas marinas protegidas y legislación polar.
Poco tiempo después llegó la posibilidad de convertirse en guía antártico. Una empresa internacional buscaba perfiles con experiencia en el continente blanco, conocimiento académico y capacidad de navegación. Tarapow reunía todas esas condiciones. “Soy el único guía que además es profesor de derecho antártico”, explicó. Desde entonces completó cuatro temporadas completas en expediciones polares, trabajando entre noviembre y marzo en algunos de los lugares más extremos del planeta.
Fue justamente en una de esas travesías, frente a la tumba de Shackleton en Grytviken, en las islas Georgias del Sur, donde comenzó el camino que hoy lo tiene nominado al premio internacional. “Ahí empezó todo”, recordó. Para Tarapow, la candidatura excede cualquier reconocimiento personal. “La verdadera medalla no es la medalla que ellos te entregan. La verdadera medalla es que la Antártida siga siendo un lugar de paz y de protección del medio ambiente”, sostuvo.
La emoción todavía lo atraviesa. Se compara con un futbolista convocado por primera vez a la selección nacional. “Ya estar entre los 30 es una felicidad enorme”, dijo entre risas durante la entrevista. Sin embargo, detrás de la alegría aparece también una idea más profunda. “Me siento como un Quijote polar”, confesó. Y enseguida explicó el sentido de esa definición: “Un idealista que lucha con todo su amor por la protección de la Antártida”. Mientras el jurado internacional define quiénes integrarán la lista final de candidatos, Tarapow sigue haciendo lo mismo que lo llevó hasta ahí.
