La histórica marca de juguetes argentina diversifica su estrategia para enfrentar un contexto complejo: consumo interno deprimido, apertura de importaciones, menos niños y mayor competencia digital.
Rasti, la emblemática empresa de juguetes fundada en el barrio porteño de Liniers, atraviesa un escenario desafiante. Frente a la caída de la natalidad, el avance de las pantallas y el desplome del consumo, la firma apostó por adaptar sus productos sin abandonar su ADN, e incursionó en una nueva unidad de negocio que ya representa un cuarto de su facturación.
Daniel Dimare, director de Marketing e hijo del fundador, describió la situación del sector como “complicada”. Entre los factores que tensionan a la industria, señaló la apertura de importaciones a una velocidad inesperada. “El año pasado y el anterior la cantidad de importadores aumentó. Muchos no son del rubro. Ahora cualquiera importa su producto, lo publica en Mercado Libre y lo vende al precio que quiere. Eso va erosionando a las empresas históricas”, explicó.
A esto se suma una baja de controles oficiales que, según Dimare, permite el ingreso de productos sin certificaciones y a precios difíciles de explicar. “En 2025, cuando el kilo de plástico costaba entre US$1,20 y US$1,50, entraban juguetes a menos de US$1 el kilo FOB. Si no se controla, se genera una competencia desleal”, advirtió.
Además de la presión externa, el consumo interno se contrajo. Con los ingresos del hogar concentrados en alimentos, alquileres, salud y servicios, el gasto en juguetes se redujo. Pero el fenómeno no es solo económico: desde 2015, la tasa de fecundidad cayó de 2,4 hijos por mujer a 1,4, una baja del 42%. “Hay menos chicos y, además, la pantalla le ganó al juguete a edades cada vez más tempranas”, describió Dimare.
En este contexto, Rasti reaccionó rediseñando sus sets para hacerlos más accesibles sin perder su esencia. “Creamos modelos nuevos con menos piezas y con precios más convenientes”, explicó el ejecutivo. Gracias a esta estrategia, la empresa incrementó su volumen de ventas en unidades: en 2024 comercializó 500.000 juguetes y en 2025 llegó a 522.000, un crecimiento del 4,4%. Sin embargo, el aumento no se tradujo en una mejora financiera: “Vendimos un 10% más en pesos que en 2024, quedando por debajo de la inflación, lo que nos generó pérdidas por el aumento de costos y servicios”, indicó.
La firma, que hoy emplea a 52 personas, mantiene una capacidad ociosa del 40% al 50% desde mediados de 2023. De cara al futuro, proyecta sumar nuevas líneas importadas y prepara lanzamientos para el Día del Niño con propuestas de ticket medio y bajo. Solo el 15% de los productos comercializados en 2025 provino del exterior, centrándose en líneas que requieren tecnologías o escalas de producción no disponibles en el país. Para diferenciarse, la empresa exige a los fabricantes asiáticos el uso de su propia marca y diseños de packaging exclusivos.
Fundada en 1965 por el inmigrante italiano Antonio Dimare y sus hermanos, la empresa pasó por tres etapas: producción nacional (1965-1991), importación (1991-2001) y gestión de marca (desde 2003). En 2007, la segunda generación adquirió las matrices y derechos de fabricación de la marca alemana Rasti y la relanzó localmente, integrándola a un portfolio que incluye su propia marca Blocky.
