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domingo, 12 abril, 2026
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Artemis II: los efectos físicos en los astronautas tras su regreso a la Tierra

La misión lunar reabre el análisis sobre los cambios que sufre el cuerpo humano en el espacio y el complejo proceso de readaptación al volver a nuestro planeta.

La misión Artemis II volvió a poner humanos en el entorno lunar y, con ello, reabrió una pregunta clave: qué ocurre con el cuerpo cuando pasa varios días en el espacio y luego regresa a la Tierra. Según explicó el médico cardiólogo Jorge Tartaglione en LN+, los cambios físicos son profundos, inmediatos y requieren un proceso de readaptación que puede extenderse durante semanas.

Antes incluso de despegar, los astronautas deben atravesar exhaustivos controles médicos, que incluyen evaluaciones cardiológicas, neurológicas y psicológicas, además de un entrenamiento físico intensivo. «Tienen que estar preparados psicológicamente para estar aislados y físicamente para no perder fuerza muscular», detalló.

Uno de los principales factores que explica los cambios es la ausencia de gravedad. En ese entorno, el cuerpo deja de trabajar como lo hace en la Tierra y eso genera múltiples consecuencias. «Van a perder muchísima fuerza muscular», advirtió Tartaglione, al explicar que en apenas 10 días pueden sufrir una reducción de entre el 1% y el 2% de la masa muscular, especialmente en piernas y espalda.

Además, señaló que también se produce una pérdida de densidad ósea similar a una osteoporosis acelerada, debido a la falta de carga sobre el esqueleto y la menor exposición a la vitamina D.

Uno de los efectos más llamativos es la redistribución de los líquidos corporales. En el espacio, los fluidos tienden a desplazarse hacia la parte superior del cuerpo, lo que genera una apariencia particular en los astronautas. «Se les pone la cara redonda, lo que se conoce como ‘cara de luna'», explicó el especialista, al describir este fenómeno causado por la acumulación de líquidos en el rostro.

Al regresar a la Tierra, uno de los mayores desafíos es recuperar el equilibrio. En microgravedad, el cuerpo pierde la referencia del centro de gravedad, lo que afecta la orientación espacial. «No es que se olvidan de caminar, pero no pueden mantener el equilibrio», indicó Tartaglione. A esto se suman posibles alteraciones visuales. El especialista explicó que puede aumentar la presión intracraneana, lo que impacta sobre el nervio óptico y puede generar problemas en la visión.

El impacto del viaje espacial no se limita al sistema músculo-esquelético. También se registran efectos en otros sistemas del organismo. Según detalló, los astronautas pueden experimentar una disminución del sistema inmune, lo que los vuelve más vulnerables a infecciones. Además, los trastornos del sueño son frecuentes, debido a la alteración de los ciclos naturales en el espacio.

La llegada de los tripulantes a la superficie terrestre no implica el fin inmediato de sus tareas operativas ni el retorno a la vida privada, ya que los astronautas deben someterse a una serie de evaluaciones físicas rigurosas. «Tienen que hacer un montón de pruebas físicas, de chequeos de cómo están, antes de poder realmente tomarse sus vacaciones», subrayó un astrónomo en otra entrevista con el mismo medio.

Estas medidas responden a la necesidad de monitorear la adaptación del cuerpo humano tras la exposición a condiciones extremas en el espacio exterior. «Lo que se busca es justamente ir viendo todas las respuestas del cuerpo, llegar ahí, hacer maniobras como hicieron, tomar imágenes, tomar decisiones, en vuelo», completó.

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