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martes, 26 mayo, 2026
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El alquiler se consolida como opción en barrios cerrados, cambiando el perfil residencial

Un informe revela un crecimiento significativo del alquiler en urbanizaciones privadas del AMBA, impulsado por la búsqueda de calidad de vida y nuevas estrategias habitacionales, atrayendo a un sector de la clase media alta.

Durante años, los barrios cerrados fueron sinónimo de propiedad: lote propio y casa a medida. Sin embargo, en los últimos años, y con mayor fuerza desde 2020, se consolidó un incipiente mercado de alquiler en estas urbanizaciones. Este fenómeno atrae a un sector de la clase media de ingresos altos que prioriza seguridad, servicios y calidad de vida por sobre la tenencia de la propiedad.

De acuerdo a un informe de Tejido Urbano, el alquiler en barrios cerrados crece con fuerza, especialmente en municipios como Pilar y Tigre, y atrae tanto a hogares unipersonales como a familias. Para muchos, alquilar en el suburbio compite en costos con alquilar en barrios porteños consolidados como Palermo. La vivienda se percibe cada vez más como una experiencia ajustable a cada etapa de la vida.

El crecimiento responde a una combinación de búsqueda de bienestar, distinción social y estrategias patrimoniales. Entre las estrategias más habituales se encuentran los inquilinos que son propietarios en la ciudad y alquilan su vivienda para financiar la residencia en el suburbio, el uso de viviendas satélite para sostener la vida laboral en CABA, y el alquiler como segunda residencia.

La motivación central es el acceso a un entorno urbano controlado: seguridad, servicios, espacios verdes y tranquilidad. Para familias con hijos pequeños y adultos mayores, esta oferta resulta difícil de igualar en la ciudad tradicional. Además, para un segmento de la clase media alta, el alquiler en un barrio cerrado funciona como un mecanismo de distinción social, manteniendo un estatus simbólico alto sin ser propietario.

El informe también detecta un vínculo directo entre alquiler y productividad. En municipios con polos industriales dinámicos como Pilar, Ezeiza o Tigre, crece la demanda de alquileres de corta duración por parte de técnicos y profesionales calificados que eligen vivir cerca del trabajo.

Según datos del Mapa de Urbanizaciones Cerradas (2022), en Argentina los barrios cerrados ocupan una superficie total de 700,467 km², concentrándose el 75% en la provincia de Buenos Aires. Dentro de la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), Pilar encabeza el ranking con la mayor superficie acumulada, seguido por Tigre, Luján, Escobar y Brandsen, entre otros.

En cuanto a los inquilinos, se estima que entre el 12,5% y el 15,5% de los hogares en radios censales que incluyen barrios cerrados son arrendatarios. Las barreras de acceso, como contratos en dólares, garantías exigentes y expensas elevadas, moderan la expansión del fenómeno.

Un caso destacado es Nordelta, en Tigre, que con 17,17 km² lidera la superficie de desarrollos. En Pilar, complejos como Puertos y San Sebastián presentan una proporción de alquiler muy por encima del promedio regional, alcanzando en algunos casos el 27,5% de los hogares. La distribución interna de inquilinos suele concentrarse en ejes y bordes de estos grandes desarrollos.

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