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lunes, 3 agosto, 2026
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“Masha y el Oso”: la serie infantil que genera críticas por supuesta propaganda rusa

La producción animada «Masha y el Oso» enfrenta pedidos de cancelación en varios países por acusaciones de difundir valores prorrusos. La empresa productora niega los señalamientos.

La serie animada «Masha y el Oso», producida por la compañía Animacord, es objeto de cuestionamientos por parte de sectores que la acusan de ser un vehículo de propaganda rusa. La polémica se da en el contexto del conflicto entre Rusia y Ucrania, que se extiende por cinco años.

La producción, inspirada en un cuento tradicional ruso, narra la historia de Masha, una niña que vive cerca de un bosque, y un oso que busca tranquilidad. La serie acumula más de 235 mil millones de visualizaciones en YouTube y se transmite en plataformas como Netflix, donde está disponible en aproximadamente 100 países.

Ucrania impulsa una campaña de cancelación

El Congreso Mundial Ucraniano, organización que representa a la diáspora ucraniana, acusó en junio a la serie de ser una herramienta del «poder blando» ruso. La entidad afirmó que la producción promueve símbolos culturales de Rusia y sostuvo que «financia directamente los misiles rusos y ejerce una influencia destructiva en las mentes de los espectadores más jóvenes».

Como parte de la campaña, la organización difundió una guía que incluye abandonar Netflix y publicar mensajes críticos en redes sociales. Entre los elementos cuestionados se encuentran los kokoshniks, las balalaikas, los samovares y la figura del oso, considerado un símbolo no oficial de la Federación Rusa. También señaló referencias a la Unión Soviética, como un supuesto vínculo entre un sombrero de Masha y el NKVD, la policía secreta de Josef Stalin.

Reacciones en el Reino Unido y Estonia

En el Reino Unido, 50 parlamentarios enviaron una carta para solicitar que se suspenda la emisión de la serie en Netflix y en la plataforma ITV. Los legisladores sostuvieron que la producción «normaliza activamente la iconografía militar soviética para un público infantil global» y que representa «un instrumento de poder blando» para Moscú.

El ministro de Asuntos Exteriores de Estonia, Margus Tsahkna, respaldó la campaña y escribió en redes sociales: «El mundo jamás toleraría contenido infantil que presente los símbolos nazis de forma positiva. Los símbolos soviéticos merecen la misma claridad moral. Para muchas naciones, incluida Estonia, representan ocupación, asesinatos en masa, deportaciones y crímenes de lesa humanidad».

Andriy Kovalenko, director del Centro para la Lucha contra la Desinformación vinculado al Consejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania, defendió la aplicación de sanciones contra Animacord. «Las sanciones nos darían una base legal para solicitar a YouTube que bloquee este contenido en Ucrania», afirmó.

La productora rechaza las acusaciones

Animacord negó las acusaciones y aseguró que la serie no tiene relación con mensajes políticos. Según un portavoz de la compañía, la producción aborda únicamente «temas universales como la amistad y la imaginación» y rechazó cualquier vínculo con el Estado ruso.

La empresa trasladó sus operaciones desde Moscú hacia Chipre, dentro de la Unión Europea, luego del cierre de su sede rusa en mayo. Desde Animacord señalaron que la decisión buscó evitar acusaciones de politización y reducir riesgos vinculados a posibles sanciones.

Antecedentes de la polémica

La serie ya había sido criticada en 2015, cuando Irán prohibió su emisión por considerar que Masha era un mal ejemplo por su comportamiento desafiante. Más recientemente, el activista ruso Vadim Popov pidió que dejara de emitirse en Rusia al considerar que contenía «mensajes dañinos que contradicen los valores tradicionales rusos».

«Empecemos por el hecho de que la protagonista vive sola, sin sus padres. Un ejemplo extraño y peligroso de alienación para una niña pequeña. En segundo lugar, Masha es una niña caprichosa y materialista, por no mencionar que, francamente, es problemática», declaró Popov al portal MSK1.

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