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sábado, 12 septiembre, 2026
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Soja 2026/27: productores detallan prácticas de manejo para superar techos de rendimiento

Rotaciones, diagnóstico de suelos y estrategias sanitarias son algunos de los factores que los productores mencionan antes de la siembra del cultivo.

La soja, considerada en el pasado un cultivo rústico de baja inversión, requiere en la actualidad un manejo agronómico detallado. Dos productores que obtienen rendimientos superiores al promedio señalaron que las decisiones previas a la siembra inciden en los resultados. Rotación, nutrición y estrategias frente a enfermedades de fin de ciclo son algunos de los factores mencionados.

Ricardo Bergmann, vicepresidente de Acsoja y productor agropecuario, lidera Taguay SA, empresa familiar en Monte Buey, Córdoba, que integra agricultura, ganadería y producción porcina. Además de trigo, maíz y girasol, incorporaron camelina y estiman sembrar 2.600 hectáreas de soja esta campaña. En los alrededores de Monte Buey, los suelos son franco-limosos; hacia el Este mantienen características similares con mayor proporción de arcilla, mientras que hacia el Sudoeste son más arenosos. Bergmann afirmó: “Lo más importante es hacer un diagnóstico. Hoy necesitás un profundo conocimiento sobre el lote en el que estás trabajando”. Ese historial permite identificar si el ambiente es homogéneo o heterogéneo, si presenta compactación y si se han realizado cultivos de cobertura. “Eso implica análisis de suelo, de los mapas de rendimiento y un pormenorizado diagnóstico del ambiente”, destacó.

Juan Balbín, productor en un triángulo entre General Villegas, Laboulaye y Rufino, y expresidente de CREA e INTA, trabaja 4.500 hectáreas, de las cuales la mitad se destinan a soja. Coincide en que el diagnóstico es clave y advierte sobre la estructura física del suelo: “Por el paso de la maquinaria, los suelos hoy están tendiendo a estructuras laminares”. Señaló que la compactación muchas veces no se ve, pero condiciona el intercambio gaseoso y la absorción de agua. “Hemos tenido diferencias enormes entre los lotes que recién incorporamos y aquellos que vienen con historia agrícola de hace 20 años. Hablamos de 8 o 10 quintales por hectárea de diferencia”, aseguró. Consideró importante conocer la porosidad, infiltración y niveles de compactación. “A la parte física del suelo se le da poca importancia y, cuando estás peleando rindes altos, cada detalle suma”, comentó.

En Taguay SA la soja se integra al resto de los cultivos. Bergmann explicó: “Va integrada al resto de los cultivos”. Los campos que alquila desde hace años los maneja como propios: “Los conocemos bien”. La soja es parte de un sistema y tanto la sustentabilidad como la productividad están asociadas al tipo de rotación. “Dentro de ese esquema le estamos entregando al suelo una estructura mejorada a través de los cultivos de cobertura que vamos utilizando, que en general son centeno, vicia o, en algunos casos, avena”, comentó. Para Balbín, “se tiene que sí o sí rotar” para romper el techo de rinde. En los lotes que trabaja midió diferencias de entre 3 y 4 quintales por hectárea cuando la soja se siembra sobre maíz, y algo menos sobre sorgo. También encontró ventaja en la soja de segunda sobre cebada por la calidad del rastrojo. “Ninguna soja viene de una soja antecesora”, resumió. En su caso, el 90% de la soja se siembra sobre maíz.

La pérdida de nutrientes modificó las prácticas. Bergmann indicó: “Hoy nuestro foco básicamente es incorporar nueva genética con las variedades que van apareciendo, la utilización de los eventos para resistencia de enfermedades o malezas, la fertilización y el manejo del cultivo por ambiente”. Aseguró que los mejores lotes productivos “ya se sabe que van a venir de un cultivo de maíz, que posiblemente haya tenido un cultivo de cobertura en base a centeno y vicia; que luego ese cultivo de cobertura fue quemado en septiembre, y que la siembra de la soja fue entre los últimos días de octubre y el 10 de noviembre, con un grupo de madurez 4.4, 4.1, 4.5”. Balbín comparó: “Hace 15 o 20 años, con las primeras sojas RR, con 7 u 8 unidades de fósforo se podía llegar a 4.000 kilos por hectárea. Pero ahora, para pelear los 5.000 o los 6.000, tenés que estar en otra liga: la liga del maíz, la liga del trigo”. Para él, las claves surgen de la suma de sanidad, nutrición y rotación. “Son pequeños detalles que empiezan a sumar cuando aspirás a rindes altos. Lo importante es tener todo hecho antes para que eso se produzca”, comentó. Dijo que si durante el proceso reproductivo no hay limitantes hídricas y las condiciones nutricionales y sanitarias son óptimas, los rindes pueden ser “realmente muy destacables”.

Respecto de El Niño, Balbín sostuvo: “Hay una oportunidad en los lotes bien drenados y altos, sin riesgo de anegamiento; sin embargo, en los de perfil más complejo el fenómeno de El Niño podría ser un problema, porque la soja tolera mal el agua estancada sobre la chaucha”. El uso de fungicidas, según Balbín, también jugará un papel importante porque “no sabés cuándo vas a poder cosechar y eso puede llegar a generar situaciones difíciles, no solo de cosecha sino también de accesibilidad del transporte y todo lo que un colapso en los caminos podría traer”. Para Bergmann, están dadas las condiciones para ser optimistas. “En la regla PxQ se podría decir que estamos gozando de muy buenos precios y que el clima podría traer cantidades, por lo que tenemos que aprovechar e invertir más en las variables de producción, tales como fertilizante, cuidado de cultivos y buenas semillas certificadas”, señaló y advirtió: “Tendremos que tener cuidado con el impacto de las enfermedades y aplicar fungicidas”.

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