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martes, 8 septiembre, 2026
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Antonio Ríos, psicoterapeuta: “Cuando tu hijo te responde ‘ya voy’ te está diciendo que hará lo que le pidas cuando le dé la gana”

El psicoterapeuta Antonio Ríos explicó en una entrevista que la respuesta “ya voy” de un adolescente no implica necesariamente rechazo, sino un intento de afirmar su autonomía. Señaló que la negociación y la escucha son claves en la crianza durante esa etapa.

Antonio Ríos, psicoterapeuta con décadas de experiencia en terapia familiar y con adolescentes, afirmó que muchas consultas que recibe provienen de padres que sienten que dejan de reconocer a sus hijos cuando estos entran en la adolescencia. En una entrevista concedida a La Voz de la Salud, Ríos sostuvo que ese cambio no implica necesariamente una ruptura del vínculo, sino parte de un proceso en el que el joven busca afirmar su identidad y explorar los límites de su autonomía.

Ríos denominó a este proceso “afirmación del yo”. Según explicó, el adolescente se percibe como mayor, desea tomar decisiones propias y encuentra en sus padres a quienes más límites le imponen. Por ello, algunas respuestas pueden ser interpretadas por los progenitores como rechazo personal. El terapeuta señaló que muchos padres llegan a preguntarse si sus hijos todavía los quieren.

En ese contexto, Ríos indicó que el conflicto no debería confundirse automáticamente con falta de afecto. Para educar durante esta etapa, resumió en tres palabras el enfoque: “autoridad y amor”. Los límites siguen siendo necesarios, pero la forma de plantearlos debe evolucionar conforme el hijo crece.

Qué significa el “ya voy” en un adolescente

Ríos recomendó evitar, siempre que sea posible, órdenes frontales. Por ejemplo, si un padre dice “recoge el lavavajillas”, puede activar en el adolescente la necesidad de reafirmar su autonomía. La respuesta “ya voy” es interpretada por el terapeuta como una manera deliberada de retrasar la indicación y decidir por cuenta propia cuándo cumplirla.

No obstante, Ríos aclaró que esto no implica que los padres deban permitir que el adolescente haga siempre lo que quiera. Insistió en la importancia de aprender a negociar. La negociación, según él, no equivale a renunciar a la autoridad, sino a decidir qué cuestiones admiten flexibilidad y cuáles siguen siendo responsabilidad de los adultos. A los 14, 15 o 16 años, la libertad todavía convive con reglas familiares.

El psicoterapeuta también puso énfasis en la escucha. Explicó que los adolescentes no siempre se sientan frente a sus padres para anunciar que quieren mantener una conversación importante. A menudo comienzan a hablar mientras alguien cocina, durante un trayecto en coche o sin mirar a su interlocutor. En esos momentos, recomendó aprovechar la oportunidad: “hay que escucharle”.

La autonomía adquiere mayor importancia cuando los hijos llegan a la mayoría de edad. Ríos criticó situaciones en las que los padres continúan resolviendo problemas universitarios o controlando la ubicación de hijos adultos. Su principio es: “Si se equivocan, que se equivoquen”. Aprender implica también sufrir las consecuencias de algunas decisiones.

En síntesis, detrás de la respuesta “ya voy” se encuentra, para Ríos, un adolescente que intenta comprobar cuánto puede decidir por sí mismo. El desafío para los padres no consiste en eliminar ese impulso, sino en acompañarlo sin abandonar los límites. Menos órdenes automáticas, más negociación cuando sea posible y, sobre todo, seguir presentes mientras el hijo aprende a dirigir su propia vida.

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