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martes, 1 septiembre, 2026
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Un hombre lloró un mes después de la muerte de su padre al llamar a su teléfono por costumbre

Un hombre de Argentina contó que no lloró en el funeral de su padre, sino un mes después, cuando marcó su número por costumbre y dejó que sonara. El episodio ocurrió mientras intentaba resolver una pérdida de agua en su cocina.

Un hombre residente en Argentina relató que no lloró durante el funeral de su padre, ocurrido aproximadamente un año y medio antes, sino un mes después, cuando marcó el número telefónico de su progenitor por costumbre y dejó que sonara. El hecho se produjo mientras intentaba resolver una pérdida de agua en la cocina de su vivienda.

Durante la ceremonia fúnebre, el hombre permaneció con los ojos secos mientras su madre, hermanas, tíos y otros familiares lloraban. Según su testimonio, intentó provocar el llanto sin éxito y sintió que observaba el acto desde afuera. Sus familiares mostraron preocupación por su reacción: su hermana le preguntó si estaba bien y su madre lo observó durante el almuerzo posterior. Él respondió que se encontraba bien y consideró que procesaba la pérdida de manera diferente.

El episodio que provocó el llanto ocurrió cuando un grifo de la cocina goteaba desde hacía aproximadamente una semana. El hombre tomó el teléfono y marcó el número de su padre de forma casi automática, antes de recordar que ya no podía atenderlo. El teléfono comenzó a sonar y, en lugar de cortar, dejó que continuara. Las lágrimas aparecieron de manera repentina mientras permanecía en la cocina sosteniendo el teléfono.

El hombre conserva objetos de su padre, como un reloj en la mesa de luz, herramientas en el garaje y una campera en el armario. Sin embargo, ninguno de esos elementos provocó la misma reacción que el número telefónico. Según explicó, el teléfono representaba una acción repetida cientos de veces: llamar para consultar sobre cuestiones cotidianas, como una canilla, un ruido del auto o un problema de calefacción.

La neurocientífica Mary-Frances O’Connor, de la Universidad de Arizona, explicó que el cerebro construye mapas sobre las personas queridas y genera expectativas a partir de patrones cotidianos. Una ceremonia puede comunicar racionalmente la muerte, pero una sola experiencia no modifica de inmediato las expectativas construidas durante años. En este caso, el llamado produjo la frustración de la expectativa de que alguien atendiera, lo que evidenció la ausencia.

Actualmente, la madre del hombre no desconectó el número telefónico, a pedido de él. El hombre indicó que a veces llama, algunas veces llora y otras se ríe imaginando qué habría respondido su padre. En ocasiones, deja sonar el teléfono y escucha el sonido que alguna vez anunciaba su voz.

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