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jueves, 27 agosto, 2026
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El sur de Florida registra una concentración de lagartos invasores sin precedentes

Un informe del Miami Herald señala que el sur de Florida concentra decenas de especies de lagartos introducidos, una cifra que no se compara con otras regiones. Investigadores de la Universidad de Florida y del Departamento de Agricultura de EE.UU. detallan el impacto ecológico y los métodos de control evaluados.

La presencia de lagartos exóticos en el sur de Florida entró en una nueva etapa por la cantidad de especies detectadas y por su instalación en barrios, parques y áreas naturales. El fenómeno atrae la atención de científicos y autoridades porque combina presión sobre el ambiente, desafíos de manejo y una convivencia cada vez más visible con la población.

Un informe del Miami Herald señaló que el sur de Florida reúne decenas de especies introducidas y que, para los investigadores, esa concentración no tiene comparación con la de otras regiones del mundo. Mario Zuliani, investigador posdoctoral de la Universidad de Florida, explicó al medio que no existe un conteo definitivo: “Parece que cada vez que creemos que lo sabemos, aparece una o dos más”.

El reporte atribuyó esa expansión al clima cálido, al comercio de mascotas y a la liberación de ejemplares en el ambiente. Zuliani aclaró que el origen exótico de una especie no alcanza, por sí solo, para considerarla un problema; la evaluación cambia cuando ese animal altera ecosistemas, afecta otras poblaciones o genera consecuencias directas en la vida diaria.

No todas las especies invasoras generan el mismo efecto

Uno de los ejemplos citados es el del brown anole, una lagartija marrón que aparece en todo el sur de Florida. Aunque muchos habitantes lo consideran nativo, llegó desde Cuba y las Bahamas. La Universidad de Florida lo identifica como el primer reptil introducido en el estado con documentación histórica, probablemente a fines del siglo XIX.

Zuliani aseguró que esta especie no desplaza de forma significativa a la fauna local ni provoca daños conocidos. Estudios recientes le atribuyen una posible función adicional: estas lagartijas podrían absorber picaduras de mosquitos y reducir molestias para las personas.

La situación cambia con otras especies. Natalie Claunch, bióloga de vida silvestre del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, advirtió que el rock agama, también llamado lagarto arcoíris, se alimenta tanto de anoles marrones como de anoles verdes nativos. El mismo reporte señaló que estos reptiles excavan debajo del concreto, con efectos sobre veredas y otras estructuras urbanas.

Claunch añadió que en su área de origen estos animales fueron asociados con helmintos, gusanos parásitos con capacidad de causar enfermedades en humanos. Ese antecedente refuerza la atención científica sobre una especie que gana terreno con rapidez.

El control del rock agama todavía no ofrece una salida sencilla

El avance del rock agama motivó ensayos específicos para evaluar formas de remoción. Un estudio publicado en Frontiers in Amphibian and Reptile Science comparó tres métodos: trampas con grillos como cebo, captura con vara y línea (técnica similar a la pesca) y uso de rifle de aire comprimido por personal entrenado.

El sistema más eficaz fue el disparo controlado con rifle de aire, descrito como “eutanasia simultánea mediante proyectil”. Los investigadores retiraron 27 lagartos con ese recurso; la pesca con cebo permitió capturar cuatro ejemplares y las trampas alcanzaron seis capturas.

El análisis económico marcó otra diferencia: el método con rifle de aire costó USD 36 por lagarto, mientras que la técnica con vara y cebo elevó el costo a USD 111 por ejemplar. Pese a esos resultados, los autores reconocieron que esa estrategia tiene poca aplicación doméstica, ya que la mayoría de los residentes no cuenta con personal especializado ni condiciones adecuadas.

Claunch indicó al Miami Herald que el equipo ya trabaja en nuevas pruebas para encontrar opciones más accesibles para la población.

Del tegu al monitor del Nilo, los casos de mayor preocupación

Entre las especies que más inquietan a los científicos aparece el tegu argentino blanco y negro, originario de Argentina. El artículo indicó que llegó al sur de Florida hacia 2009 y puede alcanzar 1,2 metros de longitud. Su dieta incluye huevos de caimanes, tortugas, tortugas terrestres y aves, un hábito que lo convirtió en un problema serio para ecosistemas sensibles.

Otro caso es el monitor del Nilo, procedente del África subsahariana. Puede medir entre 1,5 y 2,4 metros, tiene dientes filosos y lengua azul. Existe un programa federal de extracción en un punto crítico de Homestead Air Reserve Base, en el sur de Miami-Dade.

Una lista amplia que ya forma parte de la vida diaria

La nota también incluyó otras especies frecuentes en la región: curly-tailed lizard, introducido en Palm Beach en la década de 1950; brown basilisk, conocido por correr sobre el agua; Cuban knight anole, de mayor tamaño que el anole común; y house gecko, habitual en techos y paredes dentro de casas.

El caso más conocido sigue siendo el de la iguana. El informe recordó que estos reptiles comen plantas, ensucian piscinas, pueden agredir mascotas y hasta generar problemas en líneas eléctricas.

Frente a ese escenario, Zuliani destacó el uso de plataformas de ciencia ciudadana como iNaturalist. El investigador afirmó que ese caudal de observaciones ofrece una base útil para seguir la expansión de estas especies y aportar información para futuras decisiones públicas sobre el manejo de fauna invasora en el estado.

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