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sábado, 15 agosto, 2026
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A partir de 1906, Estados Unidos liberó una mosca parásita para controlar polillas invasoras; un estudio descubrió que también atacaba a polillas de seda autóctonas

Un estudio sobre el control biológico en Estados Unidos reveló que la mosca Compsilura concinnata, introducida desde 1906 para combatir plagas, también parasita a polillas de seda nativas.

A comienzos del siglo XX, Estados Unidos implementó una estrategia de control biológico que consistió en introducir enemigos naturales de insectos considerados perjudiciales para los bosques. Entre las especies utilizadas se encontraba la mosca parásita Compsilura concinnata, originaria de Europa.

La introducción de esta mosca comenzó en 1906 y se extendió durante décadas. El objetivo era reducir las poblaciones de diversas plagas, entre ellas la polilla gitana, actualmente denominada spongy moth. Según los registros, fue empleada contra alrededor de 13 especies.

La mosca deposita sus huevos sobre las orugas y sus larvas se desarrollan utilizando al huésped hasta completar su ciclo. Sin embargo, Compsilura concinnata es un parasitoide generalista: en América del Norte se ha registrado en más de 150 especies de mariposas y polillas, además de varias especies de moscas de sierra.

Investigaciones posteriores encontraron que esta mosca también parasita a polillas nativas, entre ellas algunas de las llamadas polillas de seda gigantes, como la polilla luna, la cecropia y la prometea. Un estudio realizado en Massachusetts analizó los efectos sobre dos especies nativas: Hyalophora cecropia y Callosamia promethea.

En los experimentos realizados durante la década de 1990, el 81% de las larvas de cecropia y el 68% de las de prometea fueron parasitadas cuando permanecieron expuestas en el exterior. Los investigadores señalaron que, de mantenerse esos niveles durante todo el período larvario, ninguna de las orugas habría llegado a convertirse en pupa.

Los estudios no sostienen que la mosca sea la única causa del descenso de las polillas de seda. También se han señalado otros posibles factores, como la pérdida de hábitat, la contaminación lumínica y el uso de pesticidas. Por lo tanto, los investigadores lo consideran un posible factor dentro de un problema más amplio.

El caso evidencia que, antes de introducir una especie para combatir una plaga, es necesario conocer qué otros organismos puede afectar. La historia de Compsilura concinnata demuestra que controlar una especie no siempre significa actuar únicamente sobre ella.

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