Los nuevos híbridos de maíz de baja estatura, lanzados por las compañías de semillas, se presentan como una opción para el silaje de planta entera. Ensayos en Iowa State durante 2024 y 2025 compararon su producción de materia seca y calidad nutricional frente a materiales convencionales y BMR.
Las compañías de semillas lanzaron al mercado los maíces petisos con la promesa de reducir el riesgo de vuelco sin resignar rendimiento de grano. Estos híbridos fueron presentados en el Farm Progress Show del año pasado y volverán a exhibirse en la próxima edición.
La nueva arquitectura de la planta, con entrenudos más cortos y un número similar de hojas y espigas, abre el interrogante sobre su uso en silaje de planta entera. La primera objeción es que una planta más baja produciría menos materia seca por hectárea, pero los primeros resultados de ensayos realizados por Iowa State University durante 2024 y 2025 indican lo contrario.
En esos ensayos, tres híbridos petisos fueron comparados con un maíz convencional de doble propósito, un híbrido silero y un BMR (mayor calidad de fibra), en dos densidades de siembra. No se registraron diferencias significativas en la producción de materia seca entre híbridos ni poblaciones. El promedio fue de 18.400 kilos de materia seca por hectárea en 2024 y 16.600 kilos en 2025.
El maíz de baja estatura tiene entrenudos más cortos, pero conserva un número semejante de hojas. Reduce principalmente el tallo, que es la fracción más lignificada y menos digestible, y aumenta el peso relativo de la espiga. El resultado potencial es un silaje con más almidón, menos fibra indigestible y similar cantidad de materia seca por hectárea.
Ensayos con vacas mostraron que un híbrido petiso seleccionado por su calidad produjo alrededor de 4% más leche corregida por energía (aproximadamente 1,8 kilos diarios por vaca) que un convencional alto. La digestibilidad de su fibra fue superior a la del convencional, aunque no alcanzó la del BMR.
El BMR sigue siendo el material con mayor digestibilidad de fibra. Su menor contenido de lignina acelera el pasaje por el rumen y permite aumentar el consumo, pero suele pagar esa ventaja con menor rendimiento de materia seca, menos almidón y mayor riesgo de vuelco.
El petiso se ubicaría en un punto intermedio: no tendría toda la calidad del BMR, pero combinaría mejor digestibilidad que un convencional, alto contenido de almidón, más estabilidad y, eventualmente, similar producción de materia seca.
En los planteos donde el contratista cobra por tonelada de materia verde picada, la comparación no se limita a kilos de materia seca por hectárea. Una tonelada de materia verde puede contener entre 300 y 400 kilos de materia seca, con diferencias en almidón y digestibilidad. Cobrar por tonelada fresca puede generar una distorsión: cuanto más húmedo sea el cultivo, más viajes, más compactación, más combustible y mayor factura, sin que aumenten los nutrientes llevados al silo.
La comparación correcta debería medir kilos de materia seca digestible, kilos de almidón, leche potencial y kilos de carne por hectárea.
Todavía falta validación argentina con híbridos, ambientes, densidades y sistemas de confección locales. La hipótesis merece ser ensayada. El maíz petiso podría no desplazar al BMR en vacas de alta producción ni superar siempre al convencional en biomasa, pero podría convertirse en un silaje de equilibrio que reúna rendimiento, calidad y seguridad agronómica.
Al final, una planta alta no vale por los centímetros que alcanza ni por los camiones que llena, sino por la cantidad de esa planta que el animal transforma en leche o carne.
