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jueves, 2 julio, 2026
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Uno de cada cuatro adolescentes argentinos participó en retos virales, según estudio

Un estudio de la Universidad Austral sobre 848 jóvenes de 11 a 17 años reveló que el 25% realizó al menos un desafío viral en el último año, y advirtió sobre riesgos para la salud física y mental.

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Austral sobre 848 adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años indicó que uno de cada cuatro (25%) participó en al menos un reto viral durante el último año. El trabajo encontró una relación entre este fenómeno y el uso problemático de internet e Instagram, y advirtió sobre los riesgos para la salud física y mental que algunos de estos desafíos representan.

Según el estudio, el 14% de los adolescentes realizó uno o dos retos virales en los últimos doce meses, el 5% participó en tres o cuatro desafíos y el 6% aseguró haber realizado cinco o más. Además, el 11% manifestó que le gusta que otras personas imiten los desafíos que comparte, y el 6% afirmó que disfruta hacerlos en grupo para sentirse parte de una comunidad.

La docente, investigadora y divulgadora pedagógica Viviana Postay sostuvo que cualquier adolescente puede verse expuesto a este tipo de situaciones y remarcó que la principal herramienta de prevención es el diálogo cotidiano. «Lo que falta es conversación de los adultos con esos chicos. Como no hay conversación, no hay nada», afirmó. La especialista explicó que esas charlas deben surgir de manera natural y no convertirse en interrogatorios: «‘¿Te llegó alguno de esos retos?’ Son conversaciones sin juzgar. Porque con el ‘no me quiero enterar que vos…’ ya perdimos la posibilidad de conversar».

El estudio identificó que la necesidad de aceptación y reconocimiento social es uno de los principales motores que llevan a los adolescentes a participar en estos desafíos. Los investigadores concluyeron que cuanto mayor es la presión por sentirse parte del grupo, mayores son los indicadores de uso compulsivo de internet y redes sociales, especialmente Instagram. Para Postay, ese deseo de pertenecer es característico de la adolescencia y puede canalizarse de manera saludable cuando existen espacios de contención. «Mientras más posibilidades tiene de pertenencia ese chico a comunidades sanas, familia, club, menos ganas va a tener de tener pertenencias a otras comunidades no sanas», explicó. La docente agregó que el aislamiento favorece la exposición a estos riesgos y comparó la situación con las estafas virtuales que afectan a adultos mayores: «Más soledad hay, más aislamiento hay, más fácil que caigas en eso. De todas formas, insisto, cualquiera puede caer».

Postay explicó que el contacto con los retos virales no comienza necesariamente cuando un adolescente decide realizarlos. Existe un proceso gradual que puede empezar con la simple observación del contenido y continuar con su difusión entre pares. «En todos estos desafíos hay distintas etapas. Observar es una. Compartir algo que hizo otra persona es otra. Y ya meterse a ser yo misma el que lo produce es un nivel más alto», detalló. Aunque quienes solo observan constituyen el grupo más numeroso, la psicopedagoga advirtió que esa conducta no debe minimizarse: «El observador es el más masivo. Hay que trabajar con que la observación nunca es inocua», ya que el consumo reiterado de estos contenidos puede naturalizar prácticas riesgosas y favorecer que algunos adolescentes avancen hacia formas de participación más activas.

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