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domingo, 21 junio, 2026
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La incertidumbre como condición humana: reflexiones sobre el control y el afecto

Un análisis sobre cómo la incertidumbre afecta la vida cotidiana, basado en testimonios, filosofía budista, psiquiatría y literatura, sin ofrecer soluciones ni juicios de valor.

Un joven que estuvo secuestrado durante casi dos años declaró en una conferencia que lo que más lo angustiaba no era el sufrimiento físico ni el riesgo de morir, sino la incertidumbre: no saber si saldría ni cuándo. Esta experiencia, según el relato, refleja una condición compartida por todas las personas, que enfrentan diariamente resultados médicos, decisiones de otros o el rumbo de proyectos sin certeza.

El pintor Vincent van Gogh, en una carta a su hermano en 1880, describió una sensación similar: la de sentirse encerrado sin barreras visibles, con muros que no se ven pero se perciben. El budismo, según se menciona en El libro tibetano de la vida y de la muerte, sostiene que el futuro no está escrito y que el valor de cada acto depende de la intención, no del tamaño. Afirma que la raíz del sufrimiento está en el apego, no en la pérdida, y que la impermanencia es la naturaleza de la vida.

El psiquiatra Viktor Frankl, sobreviviente de un campo de concentración, sostuvo que a una persona le queda la libertad de elegir la actitud ante lo que le toca vivir, incluso cuando no puede cambiar su encierro ni la incertidumbre. Van Gogh, por su parte, afirmó que el afecto profundo y verdadero es lo que libera de esa prisión, y que el amor no debe confundirse con posesión.

El escritor Jorge Luis Borges, fallecido el 14 de junio de 1985, concibió la existencia como un jardín de senderos que se bifurcan, donde cada instante abre futuros que no se recorren del todo. Prefirió la duda a las certezas y convirtió el misterio en belleza, según el texto.

En el ámbito laboral, se afirma que planificar con la mano abierta —firme en el rumbo pero liviano con el resultado— permite enfrentar lo incierto. La angustia, según se señala, no nace de la incertidumbre sino de exigir garantías que no puede dar. El texto concluye que lo que libera de la prisión invisible es el afecto, el vínculo y el equipo, entendido como la estrategia basada en las personas.

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