El tenista cordobés, campeón de Grand Slam en singles y dobles, relata su proceso de superación tras una crisis de salud mental y física, y destaca la importancia de pedir ayuda.
La vida de Gustavo Fernández cambió cuando, con un año y medio, le diagnosticaron un infarto medular que le provocó una parálisis de la cintura para abajo. En el seno de una familia de deportistas –hijo de Gustavo “el Lobo” Fernández, exbasquetbolista profesional–, sus padres buscaron respuestas en centros médicos en Estados Unidos y lo alentaron a soñar en grande.
“Mi papá jugaba al básquet profesionalmente, mi hermano se convirtió en basquetbolista profesional y mi pasión y deseo estuvieron siempre ligados al deporte. En mi adolescencia apareció el tenis y me sacudió por completo. Una vez que empecé a competir, me di cuenta de que era un camino sin retorno”, declaró Fernández.
El cordobés nacido en Río Tercero ganó el Abierto de Australia de 2026 en dobles junto al japonés Tokito Oda. Con ese triunfo alcanzó 10 títulos de Grand Slam (5 en singles y 5 en dobles) y se ubicó en el top 3 del ranking mundial. Es el argentino con más títulos de Grand Slam de la historia. En septiembre de 2024 obtuvo la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de París.
“Hay videos míos con 12 o 13 años diciendo que iba a ser número uno del mundo, que iba a ser campeón de un Grand Slam. Claro que de ahí a concretarlo había un mundo de diferencia. Pero siempre tuve mucha fe, mucha confianza en lo que podía hacer. Después fui consecuente respecto de esa confianza desmedida que me tenía y trabajé para llegar a ese lugar”, afirmó.
Fernández enfrentó ataques de pánico y problemas de salud física y mental. Una operación de amígdalas derivó en una hemorragia interna que lo llevó a una situación crítica y a una crisis de ansiedad. “Toqué fondo y pude salir”, sostuvo. Señaló que el bienestar integral requiere entrenamiento psicológico y físico, y que se permitió ser frágil para recuperarse bajo el cuidado de sus padres.
“Tocar fondo no es algo que uno planifica, sino que sucede. Cuando tocás fondo, te das un bañazo absoluto de humildad. En mi caso, volví a las bases, a mi casa, un lugar donde sentirme seguro, pasar la tormenta más fuerte y conseguir ayuda, porque el proceso de sanación lo tenés que transitar vos, pero no solo. A mí me ayudó mucho mi familia, mis amigos, mi mujer, quienes fueron mi fuerza más grande”, declaró.
En cuanto a su preparación, explicó que entrena en triple turno, combinando trabajo técnico con rutina de gimnasio enfocada en la potencia de hombros y el control del tronco. Su dieta y descanso están monitoreados como los de un atleta de élite. “Entreno como cualquier deportista profesional que trata de estar en la élite, así que le dedico casi todo mi tiempo, mi energía y mi pensamiento a estar bien físicamente”, indicó.
“Mi núcleo familiar es lo más importante que tengo en mi vida, de donde aprendí prácticamente todo. Descubrí mi pasión a través de la pasión de mi papá, entonces tenemos muchas cosas en común. La temática de la familia siempre fue el deporte, por elección, y vivimos, sentimos y experimentamos a través del deporte”, afirmó.
“No se trata de ganar siempre, sino de no dejar de intentarlo con la misma intensidad”, sostuvo. “Creo que si uno sigue tirando para adelante, con consciencia, con ayuda y con esfuerzo, la tormenta cesa y eventualmente empieza a ver signos de claridad. El proceso lo tiene que atravesar uno, no lo puede hacer nadie por nosotros, y es duro por eso, pero a la vez es lo que hace que la sanación sea real y concreta. No hay que tener miedo a expresarse y pedir ayuda. Hay mucha más gente que pasa por ese tipo de situaciones de lo que uno cree. Uno nunca sabe la batalla que está librando el otro por dentro, entonces, ser empático, ser bondadoso, escuchar y hablar me parece algo sumamente importante”, concluyó.
