Un equipo de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires creó un biosensor portátil y de bajo costo para detectar arsénico en agua subterránea. El dispositivo, basado en bacterias modificadas genéticamente, tiene una confiabilidad de hasta el 99%.
Investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrollaron un dispositivo portátil, económico y de código abierto para detectar arsénico en agua de pozo. El proyecto, liderado por el investigador Alejandro Nadra, presentó una nueva versión del sensor que, según los tests realizados, alcanza un 99% de precisión.
El arsénico no tiene olor, color ni sabor y puede estar presente en el agua durante décadas sin ser detectado. En Argentina, los investigadores estiman que el consumo de agua subterránea con arsénico podría afectar potencialmente a al menos cinco millones de personas en provincias que van desde Salta y Jujuy hasta La Pampa.
El dispositivo se basa en bacterias genéticamente modificadas que reaccionan frente al arsénico produciendo un color azul visible. La detección se completa en aproximadamente ocho horas. Según las validaciones realizadas por el equipo, la precisión del método oscila entre el 98% y el 99% en comparación con los análisis químicos convencionales.
“El problema del arsénico es enorme. Desde Salta y Jujuy hasta La Pampa, en casi todos los lugares donde se mide agua de pozo aparecen concentraciones variables”, afirmó Nadra a PERFIL. El investigador detalló que “en la mayoría de los casos el origen no es humano sino natural: el arsénico proviene de formaciones geológicas y se disuelve en las napas subterráneas de las que luego se extrae agua para consumo”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un máximo de 10 microgramos por litro de arsénico en agua potable. En Argentina, el Código Alimentario sigue esa cifra, pero admite un margen de hasta 50 microgramos en situaciones determinadas, a la espera de estudios epidemiológicos locales.
El exceso de arsénico puede causar Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico (HACRE), una intoxicación por exposición prolongada que puede generar lesiones cutáneas, alteraciones cardiovasculares y distintos tipos de cáncer. “Son síntomas que se manifiestan tras años de consumo crónico”, señaló Nadra.
El equipo decidió liberar públicamente los planos y el manual de procedimiento del kit para que cualquier laboratorio de escuela técnica o institución pueda reproducirlo. “La idea no es que cada familia arme su detector. Pero sí que pueda armarse en cooperativas, escuelas técnicas o en laboratorios con un instrumental básico”, explicó Nadra. El grupo de investigación ofrece suministrar las bacterias modificadas a los interesados.
El proyecto atravesó distintas etapas y fue probado con agua de diversas regiones, incluyendo muestras tomadas en la Antártida, con resultados exitosos. “Nosotros creemos que el Estado debería involucrarse más porque es un problema poblacional, no individual”, sostuvo Nadra. El grupo lleva años trabajando sin financiamiento específico para este programa.
Paralelamente, investigadoras de la Universidad Nacional de Córdoba y el Conicet desarrollaron un sensor electroquímico basado en nanopartículas de oro y un biopolímero natural derivado de la quitina. El dispositivo, del tamaño de un pendrive, genera una señal eléctrica al contacto con agua con arsénico. Fue validado con muestras reales de dos localidades con altos niveles del contaminante. A fines de 2025, el equipo inició el proceso de patentamiento ante el Instituto de Propiedad Intelectual.
