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sábado, 9 mayo, 2026
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Comunicación familiar tras la tragedia de San Cristóbal: el desafío del diálogo con adolescentes

Tras el ataque en una escuela de Santa Fe, especialistas analizan la dinámica conversacional en los hogares y la necesidad de reconstruir vínculos emocionales más allá de lo funcional.

La escena se repite en muchos hogares: una familia en la mesa, preguntas sobre el día y respuestas breves. «A veces siento que vivimos en piloto automático. Le preguntamos cosas, pero no sabemos si de verdad lo estamos escuchando», reflexiona Mariana, madre de un adolescente de 15 años. Esta dinámica, común en la convivencia con adolescentes, ha sido puesta bajo una nueva mirada tras el ataque ocurrido en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, donde un estudiante asesinó a un compañero de 13 años e hirió a otros.

«Cuando pasan estos hechos tan extremos, aparece la pregunta incómoda: ¿qué sabíamos de ese chico?, ¿qué lugar tenía para hablar?, ¿qué adultos estaban disponibles para escucharlo?», plantea la psicóloga Marina Manzione, especializada en adolescencia. Según la profesional, es una etapa crítica donde el diálogo entre padres e hijos suele estar debilitado o es inexistente. «Hay que reconstruir la conexión emocional, que es lo que hace que el vínculo sea funcional y permita salir al mundo de una forma saludable», agrega.

Manzione explica que el desafío es encontrar una «distancia óptima» que permita al adolescente generar autonomía, pero sintiéndose lo suficientemente cerca para pedir ayuda. Sin embargo, advierte que el diálogo familiar suele quedar reducido a un plano operativo: horarios, tareas y coordinación logística. «Incluso cuando se ponen límites se habla de horarios, de tiempos, pero no se va más allá. No se los ayuda a pensar en las consecuencias en las decisiones que toman cuando están solos», señala.

Esta falta de conexión profunda no es un caso aislado. Un estudio de Unicef sobre crianza y vínculos indica que menos del 40% de los adolescentes sienten que pueden hablar con sus padres de los temas que realmente les preocupan. «La presión social, las relaciones con otros, son temas que dan vueltas en sus cabezas, pero no tienen la conexión y la seguridad para hablar con sus padres. Se sienten juzgados, y eso es malo porque evitan abrirse», afirma Manzione.

Para Gala Díaz Langou, directora del Panel Internacional para el Progreso Social (IPSP), lo ocurrido en Santa Fe no puede leerse como un hecho aislado. «La violencia que estamos viendo es la punta más visible de un problema mucho más profundo: el deterioro del tejido social. Los vínculos están en crisis», sostiene. En este proceso, advierte, están fallando las instituciones primarias de socialización: la familia y la escuela.

Díaz Langou señala que la familia está cambiando en su morfología y naturaleza, con hogares más pequeños y menos personas queriendo ser padres. Aunque no hay evidencia sistemática sobre la evolución de los vínculos en los años de baja natalidad, distintos estudios sugieren que su calidad está fuertemente asociada a las condiciones socioeconómicas, donde a mayor vulnerabilidad, mayor es el desafío para sostener conexiones sólidas.

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