Según datos de Ferreres & Asociados e Idesa, la inversión cayó 8,1% en julio y acumula una baja de 7,8% en el año. El indicador se mantiene lejos de los niveles de países vecinos y representa un desafío para el Gobierno de Javier Milei.
La inversión en Argentina se ubicó en 15,1% del PBI, según un relevamiento de Idesa sobre la base de Cuentas Nacionales. El dato surge del estudio Ferreres & Asociados, que registró una caída de 8,1% en términos de volumen físico en julio, sin considerar el efecto de la inflación, y una baja acumulada de 7,8% en lo que va del año.
El porcentaje se encuentra seis puntos por debajo del umbral que Morgan Stanley y el Banco Mundial ubican para Perú, siete menos que México, nueve por debajo de Chile y la mitad que países como Vietnam o India.
Un repaso del indicador desde 2004 hasta hoy según Cuentas Nacionales muestra que en 2025 quedó en 16,4% del PBI, por debajo del valor más alto de los últimos 22 años, que fue 19,5% en 2007, durante el gobierno de Néstor Kirchner. Desde entonces comenzó a caer hasta tocar su peor marca en 2019, cuando alcanzó el 14,2%, año de la derrota de Mauricio Macri y el triunfo de Alberto Fernández.
Jorge Colina, director de Idesa, afirmó: «Para crecer en serio hay que ubicarse en 25% del PBI. La Argentina nunca llegó al 20%. Por ahí rozó ese número en los 90, pero por las privatizaciones». Colina recordó dos casos de países limítrofes en los que la inversión apuntaló el crecimiento ascendiendo al 25% del PBI: Chile durante los 90 y Uruguay entre 2005 y 2015.
El cepo cambiario suele distorsionar el indicador. Cuando las empresas tienen restricciones para acceder a dólares, a veces destinan sus ganancias a inversiones como alternativa circunstancial, lo que empuja hacia arriba el porcentaje de desembolsos sobre PBI. Esa anomalía socava la confianza y el interés de invertir capital de mayor envergadura. El desafío del Gobierno de Milei es doble: recuperar la inversión y terminar de salir del cepo.
La mayor parte de los analistas considera que la recuperación no debería ser difícil porque la Argentina parte de niveles bajos. «Hacia adelante esperamos que la caída se modere de manera gradual, acompañando una eventual mejora de la actividad y del contexto macroeconómico», había dicho en julio el informe del estudio Ferreres a cargo de Fausto Spotorno. Pero los economistas disienten sobre las motivaciones que deberían desencadenar el proceso.
Lucas Llach publicó la semana pasada en la red social X: «No deja de sorprenderme la monotonía de la cantinela ‘la inversión cae por desconfianza’ y la ignorancia olímpica del efecto que tiene el nivel de actividad sobre la inversión, as in ‘estamos vendiendo un montón, me voy a comprar otra máquina’. Esa decisión no mira mucho el riesgo país».
Otros señalan las expectativas. Fernando Marull recordó el comportamiento de la inversión en la última campaña electoral: durante el primer semestre de 2025, muchas empresas adelantaron importaciones de bienes de capital porque suponían que habría una devaluación, y la corrida hizo subir el dólar y activó la construcción. Los números lo acreditan: entre julio y septiembre del año pasado, la inversión subió de 16,9% a 17,6% del PBI y luego de las elecciones comenzó un declive que continúa. Quedó en 15,5% entre octubre y diciembre de 2025, 14,3% entre enero y marzo pasado y 15,1% entre abril y junio.
Marull afirmó: «Hay que dividir la inversión actual: 70% son bienes de capital, de los cuales podemos decir que la mitad es nacional y la otra importado, y 30% de construcción». Su trabajo indica que la construcción está todavía muy por debajo de otras épocas, incluso siete puntos porcentuales abajo del nivel que tenía en el primer trimestre de 2023, durante el gobierno de Alberto Fernández.
Parte de esta caída podría atribuirse al ajuste en la obra pública. Para Marull, ese efecto es acotado. De los 17 puntos de inversión sobre el PBI de 2025, 12 corresponden a bienes de capital y 5 a construcción. Esos 5 puntos de construcción se dividen en 2,5 privados y 2,5 estatales. La inversión pública se explica en 2 puntos de las provincias y 0,5 de la Nación. En 2023, esos 0,5 puntos eran 1,5. Es decir, la caída en inversión por obra pública en la era Milei fue de un punto.
El informe de Idesa coincide en que hay mucho por recuperar. El motor del gobierno de Milei fue hasta ahora más la exportación, que subió 38% en los tres años de gestión, apuntalada por la energía y el agro, que la inversión, que cayó 4% desde el último trimestre de 2023. Según Colina, para que se sintiera en la actividad y en los bolsillos, los desembolsos de capital deberían subir al menos al nivel en que lo hizo el consumo privado con Milei, alrededor de un 8%, para dinamizar la actividad.
El Gobierno tiene la esperanza puesta en el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Los compromisos suman hasta ahora 150.000 millones de dólares y se aplicarán de manera paulatina en los próximos años. Si, por ejemplo, llegaran los 7000 millones de dólares que el Gobierno espera para 2027, eso significaría subir la inversión en un punto del PBI, es decir, a un valor de entre 16% y 18%, según el promedio en que termine 2026. Todavía muy por debajo de Perú, Chile y México, y la mitad que los asiáticos.
