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jueves, 13 agosto, 2026
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Un enólogo llegó al Priorat para matricularse y se quedó 40 años para dedicarse al vino

Jordi Vidal viajó en autobús a Falset en 1986 con la intención de regresar a Barcelona ese mismo día. Terminó participando en su primera vendimia y nunca abandonó la comarca. Hoy dirige la bodega La Conreria.

Jordi Vidal salió de Barcelona una mañana de 1986 con destino a Falset, en la comarca del Priorat, con el objetivo de matricularse en la Escuela de Enología y Viticultura. Tenía previsto volver a casa esa misma tarde. En cambio, permaneció veinte días en la zona tras sumarse a su primera vendimia.

Vidal, nacido en Barcelona, trabajaba desde los 16 años los fines de semana descargando camiones de vino y aceite en un almacén de la calle Enric Granados. Allí comenzó a interesarse por el vino a partir de las recomendaciones que escuchaba a los vendedores. Un trabajador originario de Falset le mencionó la existencia de una escuela de enología en esa localidad.

El joven llamó por teléfono y fue atendido por Josep Lluís Pérez, maestro y fundador de Mas Martinet. Según Vidal, esa conversación lo convenció de estudiar la Formación Profesional de Enología y Viticultura, en lugar de Biología, carrera que había considerado por su interés en la genética.

Cuando se dirigía a formalizar la matrícula en Falset, unos alumnos de segundo curso le propusieron quedarse a vendimiar. Vidal les dijo que no llevaba ropa ni tenía alojamiento, pero le ofrecieron su piso y lo necesario. Llamó a su madre para avisarle de que no volvería a cenar.

En 1986, el Priorat era una zona pobre y con carreteras en obras. Vidal estudió dos años en Falset, trabajó plantando y recuperando viñedos, cursó Enología en Tarragona y participó en vendimias en Familia Torres, en el Penedès. Luego montó una escuela de cata en Barcelona, se dedicó a la exportación y recorrió mercados internacionales.

En la boda de un compañero de facultad, Jaume Sabater, Vidal se reencontró con Josep Maria Mitjans, un sacerdote del Priorat que años antes le había encargado trabajos en viñedos. Mitjans, proveniente de una familia agrícola del Penedès, había comprado en Escaladei una propiedad de la familia Rialp y recuperaba viñedos. Durante la boda, Vidal, Mitjans y un maestro de escuela decidieron unir esfuerzos.

En 1997 fundaron La Conreria, cuyo nombre deriva del verbo “conrear” (trabajar la tierra), con tres hectáreas de viñedo. Vidal apostó por un 70% de uva blanca, una decisión poco común en una zona dominada por tintas. Su vino Les Brugueres, elaborado con garnacha blanca, fue rechazado inicialmente por los técnicos de la DOQ Priorat por considerarlo poco representativo. Finalmente fue aceptado.

La bodega también se distingue por recibir visitantes en una época en que el enoturismo no existía en el Priorat. Las visitas improvisadas influyeron en el diseño de la bodega, que permite ver barricas, paisaje y personas trabajando. Vidal sostiene que el vino debe sostener la actividad turística y el turismo dar sostenibilidad al vino.

Uno de sus tintos, Coster d’en Mario, lleva el nombre de un vecino de la Vilella Alta que le arrendó una parcela de cariñena plantada en 1929. Mario, que vivía solo y apenas cuidaba la viña, lloró al ver la finca restaurada. En 2002, al ingresar en una residencia, le vendió la parcela a Vidal. La viña fue la primera propiedad vitícola del enólogo.

Actualmente, La Conreria trabaja unas 58 hectáreas y produce entre 110.000 y 160.000 botellas anuales, según la cosecha. Vidal ha transmitido a sus hijos la convicción de que pueden dedicarse a lo que quieran, pero deben conservar al menos una viña. Al ser consultado sobre qué habría pasado si hubiera vuelto a Barcelona ese día, respondió: “Seguramente tendría más patrimonio, pero no habría sido tan feliz”.

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