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lunes, 10 agosto, 2026
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Un estudio de Stanford identifica un mecanismo celular común en el envejecimiento de los órganos

Una investigación publicada en Science halló que los macrófagos residentes pierden eficacia con la edad y que su recuperación frenó el deterioro en ratones.

Un estudio publicado el 16 de julio en la revista Science identificó un mecanismo celular común en el deterioro de distintos órganos asociado con la edad. El trabajo, realizado con ratones y células humanas, fue encabezado por Jessy Tan, instructora de Neurología de Stanford, y tuvo como autora sénior a Katrin Andreasson, profesora de Neurología y Ciencias Neurológicas.

Según informó Stanford Medicine, los investigadores comprobaron que el bloqueo de un receptor específico en los macrófagos residentes permitió conservar funciones del cerebro, el corazón, los músculos, el hígado, el bazo, la médula ósea, los riñones y el colon de los animales.

Al presentar los resultados, Andreasson declaró: “Ahora conocemos al menos una gran razón” por la que envejecemos.

El papel de los neutrófilos senescentes

Los neutrófilos son los glóbulos blancos más abundantes del sistema inmunitario y actúan como primera respuesta frente a patógenos. Nacen en la médula ósea, circulan por la sangre y suelen vivir entre 12 y 24 horas. Cerca del 90% de los neutrófilos circulantes termina en el hígado, el bazo y la médula ósea. El organismo produce alrededor de 100 mil millones por día, y muchos comienzan a mostrar signos de senescencia entre ocho y 12 horas después de ingresar al torrente sanguíneo.

Cuando estas células envejecidas no son eliminadas, liberan sustancias tóxicas que lesionan e inflaman los tejidos cercanos. Andreasson afirmó que “los neutrófilos senescentes están matando nuestros tejidos” y que retirarlos es esencial para prevenir la inflamación crónica.

Esa tarea corresponde a los macrófagos, células que destruyen patógenos, coordinan respuestas inmunitarias y colaboran con la reparación de tejidos. La neuróloga los describió como “el equipo de recolección de residuos del cuerpo”. Los macrófagos residentes se instalan en los órganos durante el desarrollo fetal y permanecen allí toda la vida, pero también envejecen y pierden progresivamente su capacidad para eliminar neutrófilos.

El mecanismo PGE2 y EP2

Las células inmunitarias producen prostaglandinas, entre ellas la PGE2, cuyos efectos dependen del receptor al que se una. Uno de esos receptores, denominado EP2, activa una respuesta altamente inflamatoria y aparece en grandes cantidades sobre los macrófagos residentes.

Las infecciones, las lesiones y las sustancias tóxicas generadas por el organismo aumentan la producción de PGE2. Con la edad también crecen tanto sus niveles como la concentración de EP2 en los macrófagos. Esta estimulación inflamatoria reduce el metabolismo energético de esas células y debilita su capacidad para retirar neutrófilos.

Andreasson explicó que, una vez iniciado ese proceso, el rendimiento de los macrófagos sufre “un deterioro constante”. El estudio mostró que la caída no ocurrió cuando los científicos eliminaron genéticamente EP2 de los macrófagos residentes o bloquearon el receptor con un compuesto experimental.

Resultados en ratones envejecidos

Los investigadores diseñaron un ratón cuyo gen responsable de producir EP2 podía eliminarse únicamente en los macrófagos residentes. Compararon animales jóvenes de seis a ocho meses, ratones de 23 a 25 meses —equivalentes a personas de entre 60 y 79 años— y ejemplares mayores a los que les habían suprimido el gen entre los cuatro y seis meses.

Detectaron 71 proteínas sanguíneas con niveles alterados en los animales mayores. De ese total, 59 permanecieron en valores juveniles entre los ratones cuyos macrófagos carecían de EP2. Muchas procedían del hígado, uno de los órganos con mayor presencia de estas células y un regulador central de la tasa metabólica corporal.

Los ratones mayores sin EP2 conservaron cantidades de neutrófilos similares a las de los jóvenes. También mostraron menos grasa visceral, mayor masa muscular y un mejor estado físico. La supresión redujo la inflamación en la sangre, el hígado, el colon, el corazón, los riñones y el hipocampo. Su velocidad, equilibrio y fuerza de agarre se acercaron a las de los animales jóvenes. Además, recorrieron laberintos y reconocieron objetos vistos anteriormente casi con la misma eficacia.

Pruebas con inhibidor de EP2 y tejidos humanos

En otra prueba, los investigadores administraron durante dos meses un inhibidor experimental de EP2 a ratones normales de 22 meses. El tratamiento redujo los neutrófilos totales y senescentes hasta acercarlos a niveles juveniles. En cultivos, restauró parte de la capacidad de los macrófagos envejecidos para engullir y digerir esas células.

El análisis de una base de datos de hígados humanos mostró el mismo patrón: mayor acumulación y senescencia de neutrófilos, deterioro de los macrófagos y actividad elevada de EP2 en tejidos envejecidos. Los cambios fueron más marcados en hígados enfermos.

Actualmente no existen medicamentos aprobados que bloqueen EP2 de forma selectiva. Los antiinflamatorios no esteroideos reducen la producción de PGE2, pero también interfieren con otras prostaglandinas esenciales. Por ese motivo, Andreasson sostuvo que es necesario desarrollar “un fármaco seguro” capaz de inhibir EP2 sin alterar la producción de PGE2.

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