Una iniciativa articulada por la UTN Regional Córdoba, la Municipalidad, la Fundación Universitaria de Oficios y la empresa Kazaró permitió que 12 personas que se desempeñaban como limpiavidrios en la vía pública accedieran a empleos registrados con sueldo fijo, obra social y vacaciones pagas.
La ciudad de Córdoba implementó un programa de reconversión laboral destinado a personas que se dedicaban a limpiar parabrisas en la vía pública. La iniciativa fue articulada por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) Regional Córdoba, la Municipalidad de Córdoba, la Fundación Universitaria de Oficios (FUO) y la empresa Kazaró, dedicada a servicios de limpieza y mantenimiento de espacios verdes.
El proyecto surgió después de que la provincia endureciera las sanciones contra la actividad de los limpiavidrios, lo que dejó a muchas personas sin su fuente de ingresos. Según un relevamiento de la Municipalidad, más de 100 personas habrían quedado sin ese ingreso tras la prohibición.
La capacitación consistió en un curso gratuito de jardinería y mantenimiento de espacios verdes, dictado por la FUO. Los participantes fueron convocados por los equipos sociales de la Municipalidad. De las 14 personas que comenzaron el curso, 12 lo completaron y fueron contratadas por Kazaró.
Ángel Caro, de 26 años, fue uno de los participantes. Trabajaba como limpiavidrios desde los 15 años en la esquina de Sarmiento y Guzmán. Hoy cumple una jornada de ocho horas como empleado de la empresa y accedió a su primer empleo registrado. «En la calle había días en los que se hacía plata y días en los que no. Trabajábamos con frío, con lluvia, con lo que fuera para poder llevar un plato de comida a casa a la noche», declaró.
Natalia Nachef, secretaria de Extensión Universitaria de la UTN, explicó que el objetivo era resolver «la última milla» entre la capacitación y el empleo. «En la Argentina hay muchísimos cursos gratuitos de formación que terminan cuando se entrega un certificado. Nosotros queríamos resolver lo que llamamos la ‘última milla’: ese momento entre terminar un curso y conseguir un trabajo. Si eso no ocurría, la capacitación perdía sentido», afirmó.
La empresa Kazaró participó desde el diseño del programa para adecuar la capacitación a los puestos de trabajo. También aportó maquinaria y parte de su personal se sumó a la formación. Además de los contenidos técnicos, se trabajaron hábitos laborales, puntualidad y trabajo en equipo.
María Emilia Sarquis, gerente de Recursos Humanos de Kazaró, sostuvo que «entendimos que no alcanzaba con hablar de inclusión; había que generar oportunidades concretas. Si nosotros no abríamos la puerta, la capacitación quedaba incompleta».
Los 12 participantes son hombres de entre 18 y 45 años. Durante el proceso, los organizadores debieron resolver necesidades básicas de algunos asistentes, como alimentación y transporte. «Nos lanzamos y fuimos resolviendo sobre la marcha. La realidad de los chicos nos fue marcando el camino», resumió Nachef.
Desde la UTN buscan ampliar la experiencia y convocan a otras empresas a sumarse. Para más información, se puede escribir a [email protected].
