El Gobierno libertario puso en marcha su maquinaria electoral con miras a 2027, mientras Karina Milei diseña alianzas y confrontaciones en los distritos. La economía y la ciudad de Buenos Aires son ejes centrales de la estrategia.
El operativo reelección de Javier Milei es el objetivo principal para el que, en apenas 10 días de cierta tranquilidad, se puso en marcha la maquinaria del Gobierno y empezó a activarse la organización partidaria, aún con disputas internas no saldadas. Ese punto de llegada tiene otras estaciones para las cuales la fuerza libertaria ya está trabajando.
Karina Milei, en su rol de mariscala general de campo, atiende al mismo tiempo el diseño de las otras batallas electorales que el mileísmo piensa dar, tanto como las que tratará de evitar en las 23 provincias y, sobre todo, en la ciudad de Buenos Aires. No es tiempo de pureza, sino de acumular poder.
El plan reeleccionista opera como un gran ordenador que demanda no dispersar esfuerzos, concentrar apoyos y evitar conflictos que puedan ponerlo en riesgo. El análisis del mapa y el calendario nacional se combina con la identificación de oportunidades y desafíos en el espacio subnacional.
La oxigenación que produjo la salida del gobierno de Manuel Adorni disparó la nueva etapa. La cima mileísta tuvo la sensación casi inmediata no solo de haber soltado lastre, sino de haberle quitado a sus oponentes un blanco fácil donde atacar. El cambio reactivó la ilusión oficialista de estar jugando solos en una cancha en la que, como dijo Milei, compite contra sí mismo.
“Si no nos tiramos tiros en los pies, para lo que somos especialistas, ahora se nos abre el camino hacia 2027”, afirmó una pieza importante del tablero oficialista que llega como pocos a la intimidad de los hermanos Milei.
Con esa percepción, el renovado optimismo oficialista se dedica a jugar al TEG sobre el mapa del país para elegir hacia dónde avanzar y capturar territorios, aún a riesgo de sobreestimar capacidades propias y subestimar desafíos externos.
Al mismo tiempo, Javier Milei parece haber encontrado una diagonal que le permite unir sus pretensiones de teórico de la economía con el diseño político para la búsqueda de su permanencia en el poder. Su proyecto para blindar a futuro el equilibrio fiscal y castigar penalmente a los que lo quieran vulnerar es un ejemplo de esa combinación.
El descenso de dos indicadores estimuló la recuperación del ánimo y la narrativa triunfalista. La baja del riesgo país, que perforaría el piso de los 400 puntos, y otra desaceleración de la inflación, que volvería a estar por debajo del 2% después de 14 meses, son dos argumentos con los que se buscará recuperar el signo positivo en la agenda pública.
Con este envión, el Gobierno se propone allanar el camino para algunos proyectos legislativos, como la sanción de la reforma de la ley de zonas frías y la ley de propiedad privada. En la Casa Rosada pretenden que eso se interprete como una demostración de recuperación de la iniciativa y del restablecimiento de los apoyos de los gobernadores dialoguistas.
A la par del proyecto reeleccionista, aparece la ciudad de Buenos Aires como una oportunidad para los libertarios. Los gestos afables que le dedicó Milei a Jorge Macri en el Tedeum por el Día de la Independencia podrían interpretarse como un saludo a los que se van a despedir.
Desde la legislatura, el bloque de LLA, que lidera Pilar Ramírez, se propone darle viabilidad a su proyecto de eliminación de las PASO porteñas, con el doble propósito de dificultar la construcción de alianzas de sus adversarios y diluir el peso del aparato macrista en la definición de candidaturas. El objetivo es obligar a Pro a aceptar una coalición cuya fórmula no esté encabezada por un macrista.
Los libertarios también suman la prédica y presentación de otros proyectos que tienden a subrayar deficiencias del gobierno local y complicarlo. El problema para Jorge Macri es que Mauricio Macri tampoco es un gran defensor de su gestión, aunque el jefe de Gobierno sostiene que una mejora en su imagen está cambiando la percepción interna.
Mientras tanto, los libertarios postergan la definición de candidaturas con el objetivo de no dejar afuera a ninguno que tenga aspiraciones. Patricia Bullrich no goza de la confianza karinista, lo que se agudizó con sus gestos diferenciadores en el caso Adorni y sobre la reforma electoral. Con diplomacia, en el entorno de Karina Milei relativizan una candidatura de Bullrich a jefa de Gobierno: “Ella no tiene interés por las cuestiones municipales”, argumentan.
Fuera de la geografía porteña, el proyecto expansionista del mileísmo depende casi excluyentemente de la marcha de la economía. En los grandes centros urbanos y sus periferias habitan los más afectados por el impacto de las políticas económicas del Gobierno, mientras que algunas provincias beneficiadas tienen gobernantes con poderío propio casi blindado.
Por eso, el propósito es no afectar el objetivo principal de la reelección presidencial con aventuras locales temerarias. Se trata de una operación de precisión que, además de logros económicos, requiere de pericia y experiencia, dos atributos en los que el oficialismo necesita graduarse.
