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A 50 años de la masacre de los cinco curas palotinos en Belgrano

El 4 de julio de 1976, cinco religiosos fueron asesinados en la parroquia de San Patricio. El hecho ocurrió dos días después de un atentado contra la Superintendencia de Seguridad Federal.

Cincuenta años atrás, en el barrio porteño de Belgrano, la Iglesia Católica sufrió la muerte de cinco de sus miembros en la parroquia de San Patricio. Aquel domingo 4 de julio de 1976 a la madrugada, cinco personas irrumpieron en la casa de los palotinos, en la calle Estomba 1942. Según consta en registros judiciales, hicieron arrodillar a tres curas y dos seminaristas en el living del primer piso, les ataron las manos, les vendaron los ojos y los acribillaron con veintiocho disparos en la cabeza y el tórax, efectuados con cuatro pistolas Browning y una pistola ametralladora.

Antes de retirarse, los asesinos pintaron en la puerta del living la leyenda: “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal. Viva la Patria”, y en la alfombra del pasillo: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”. También arrancaron de una de las habitaciones un póster de Mafalda y lo arrojaron sobre el cuerpo de Salvador Barbeito, uno de los seminaristas.

La denominada “Masacre de San Patricio” se produjo dos días después de la voladura del comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal, ubicada en la calle Moreno al 1400, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. Ese atentado, reivindicado por el grupo guerrillero Montoneros, dejó 23 muertos y 110 heridos.

Según investigaciones periodísticas, el principal blanco de la masacre fue el seminarista Emilio Barletti, de 23 años, quien militaba en Montoneros. Los asesinos redujeron primero a los tres sacerdotes que encontraron en la casa parroquial: Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau. Esperaron luego la llegada de Barletti, que regresaba del cine junto a Barbeito a las dos y media de la madrugada.

El entonces dictador Jorge Rafael Videla, en declaraciones posteriores, calificó el hecho como “un acto de torpeza tremenda” y afirmó que “nunca supimos quiénes fueron y por qué lo hicieron”. La dictadura culpó a “elementos subversivos” mediante un comunicado del Comando de la Zona I, encabezado por el general Carlos Suárez Mason, que sostuvo que “el vandálico hecho demuestra que sus autores, además de no tener patria, tampoco tienen Dios”.

La Iglesia Católica atribuyó la matanza a sectores de la represión ilegal, en especial a Suárez Mason. Con el tiempo, algunas sospechas también recayeron sobre personal de la ESMA y policías federales vinculados al ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy.

El expediente de beatificación de los cinco religiosos, impulsado por el entonces cardenal Jorge Bergoglio en 2005, permanece trabado en el Vaticano.

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