La acumulación de desechos en órbita terrestre, como fragmentos de cohetes y satélites fuera de servicio, genera riesgos para satélites operativos, la recolección de datos climáticos y la infraestructura de comunicaciones y navegación.
La exploración espacial enfrenta un problema creciente: la acumulación de basura orbital. Fragmentos de cohetes, satélites fuera de servicio y restos de explosiones orbitan la Tierra a velocidades extremas, lo que representa un riesgo para satélites operativos y la infraestructura de la que depende la sociedad moderna.
El satélite Aqua, parte del Sistema de Observación de la Tierra de la NASA, detectó en enero de 2025 uno de los incendios forestales en California. Los científicos observaron lagunas y errores en los registros de incendios, asociados a maniobras evasivas que el satélite realizó para evitar colisiones con desechos. Andrew Bonwick, vicepresidente de Relm Insurance, afirmó: “Cada vez que un satélite tiene que maniobrar para evitar una posible colisión, consume combustible, que es un recurso finito y valioso”.
La flota EOS, compuesta por Aqua, Terra y Aura, realizó al menos 32 maniobras evasivas desde 2005 para esquivar basura espacial. Cada maniobra puede provocar corrupciones en los datos climáticos y reduce la vida útil de los satélites. La NASA concluyó en un informe de 2018 que “las cosas empeorarán antes de mejorar” y proyectó que el riesgo de colisión seguirá creciendo.
Según la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA), el número, la masa y el área ocupada por estos residuos aumentan año tras año. Holger Krag, director del Programa de Seguridad Espacial de la ESA, declaró: “El actual problema de los residuos espaciales se debe sobre todo a las explosiones en órbita, provocadas por el remanente de energía (combustible y baterías) a bordo de naves y cohetes”. En las últimas dos décadas, se produjeron en promedio 12 fragmentaciones accidentales por año.
La tendencia indica que los impactos entre desechos y satélites activos serán la principal fuente de nuevos residuos. Un choque puede destruir un satélite, dañar sus componentes o forzar maniobras evasivas. Cada pérdida implica cortes en servicios de telecomunicaciones, problemas de navegación y pérdida de datos científicos.
La Estación Espacial Internacional debe corregir su órbita para esquivar fragmentos. El síndrome de Kessler plantea un escenario en el que la densidad de basura en ciertas órbitas haga inevitables las colisiones, generando una reacción en cadena de fragmentaciones. De ocurrir, algunas órbitas podrían quedar inutilizables durante décadas.
La comunidad internacional promueve medidas como el diseño de satélites “con fin de vida”, que obliga a desorbitarlos al término de su misión o trasladarlos a órbitas cementerio. La limpieza activa se explora con brazos robóticos, redes, arpones y velas de frenado. Krag sostuvo: “Visto el constante aumento del tráfico espacial, tenemos que desarrollar y ofrecer tecnologías que eliminen los fallos en las medidas de prevención de desechos”.
