En medio de críticas por la participación de Rusia e Israel y la renuncia del jurado, la 61° Bienal de Venecia abre sus puertas con una propuesta poética que busca ser un bálsamo frente al ruido global.
En medio de las críticas que han caído sobre la 61° Bienal de Arte de Venecia, a partir de la aceptación de Rusia e Israel como países participantes, y de la renuncia en pleno del jurado que define el León de Oro para un pabellón nacional y para un artista o colectivo de artistas, entrar a las megasedes de los Arsenales (Arsenale) y los Jardines (Giardini) es un extraordinario regalo frente al ruido y la confusión existentes en el mundo.
La propuesta de la malograda comisaria artística de esta edición –Koyo Kouoh, fallecida en mayo de 2025– es de una enorme poesía, y ya se sabe que la poesía no grita ni insulta. Habla en voz baja, casi en murmullos, lo que se recoge con gratitud en los pabellones de artistas seleccionados por el equipo de Kouoh, que continuó con el proyecto que la curadora dejó en marcha.
La crítica especializada también ha destacado las fuentes de inspiración de Kouoh en el Pabellón Central de Giardini. Por ejemplo, los artistas seleccionados componen un coro de voces, o quizá una orquesta, cuya música se combina a partir de claves comunes. Diremos mejor “claves menores”, que esta fue la propuesta de la directora artística fallecida. Entre las referencias no sólo está la caravana de la poesía que Koyo hizo de Dakar a Timbuctú en 1999 junto a otros poetas, sino también el maravilloso libro Beloved, de Toni Morrison, y Cien años de soledad, de García Márquez.
Puede que los nombres suenen exóticos para el público de Occidente cuando mencionamos a Darwin DeDeaux, Adebumni Gbadebo, Alfredo Jaar (uno de los más conocidos), Senzeni Marasela o Kennedy Yanko. Pero este año el continente africano y los artistas de Medio Oriente tienen voces para hacerse escuchar. Y a ellos se suman afrodescendientes de América Latina. Enhorabuena para Carolina Caycedo, de Colombia; la cubana María Magdalena Campos Pons; Ayrson Heráclito, de Brasil; la escritora camerunesa Werewere Liking Gnepo; la francesa Florencia Lazar y otros que aportan su mirada afroatlántica e iluminan los grandes temas que vamos descubriendo en el recorrido que hacemos. La decolonización, el arte como resistencia, la memoria respecto de las historias no resueltas.
Hay 111 artistas para poner en debate ideas cuya factura sí es novedosa. Todas las obras, textos, esculturas (algunas de ellas muy conmovedoras), videos, pinturas, instalaciones y trabajos visuales que ofrece el pabellón central, en ambas sedes de la Bienal (mucho más impactante en Giardini), fueron imaginadas por Kouoh “como una idea del arte como baluarte de maravillas frente al cinismo” que hoy asoma en el mundo.
Con un clima frío y lluvioso, con tormentas, rayos y truenos que azotan desde este lunes a Venecia, nada detiene a curadores, artistas, coleccionistas, críticos, invitados especiales y periodistas llegados de todas partes. Empapados hasta los huesos, todo el mundo llega donde tiene que llegar para verlo todo. Incluida la siempre activa Marta Minujín, que desafió el frío reinante con un atuendo de seda multicolor y un tapado rojo fuego, mientras degustaba una sopa de zanahoria caliente envuelta en una manta en Giudecca. Invitada por su galerista en Nueva York, en uno de los cócteles que abundan en esta preapertura de la Bienal, Marta también se atrevió a recitar una poesía propia, en una exhibición global donde la poesía lo atraviesa todo.
El clima acompañó momentáneamente, sin aguacero, a Victoria Noorthoorn en Spazio Punch, donde el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presentó “Dark Visible: the long shadow of dictatorship”. Contenida por numerosos artistas argentinos, entre otros Eduardo Basualdo, Marcelo Brodsky, Nicanor Araoz, Ana Gallardo, La Chola Poblete, Carlos Hoffmann, galeristas como María Casado y mecenas como Ama Amoedo, más artistas como Carolina Antich (quien vive hace 30 años en Venecia y presenta esta semana su Open Studio, una maravilla escondida en estos callejoncitos donde perderse es una oportunidad) y otros, la directora del Moderno dijo: “Es un enorme esfuerzo institucional y descomunal. Surgió a partir de una invitación del director creativo de Spazio Punch, quien nos propuso esta muestra en Venecia con motivo de los 50 años del golpe de Estado en la Argentina”. Noorthoorn agregó: “Nos pareció que podía ser un gesto de apoyo importante a la comunidad artística argentina en este momento. Incluye a 18 artistas argentinos y un uruguayo, que muestra a grandes figuras del arte contemporáneo argentino. Están desde León Ferrari, Guillermo Kuitca, Marta Minujin, Marcelo Brodsky y tantos otros, lo que nos permite mostrar un abanico de grandes nombres, cuyos trabajos muestran la contundencia del arte argentino para hablarle a los desafíos del presente”.
La directora, que además estuvo acompañada por coleccionistas y por Javier Timerman, uno de los mecenas de la movida del Moderno en Venecia, dijo: “Entendemos que este es un momento muy delicado, muy conflictivo a nivel i”.
