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sábado, 2 mayo, 2026
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Benavidez vs. Ramírez: la pelea que une historia, rivalidad y negocio en Las Vegas

David Benavidez y Gilberto ‘Zurdo’ Ramírez se enfrentan esta medianoche en el T-Mobile Arena de Las Vegas, en uno de los combates más esperados del año. Excompañeros de preparación, ahora son rivales y socios en un gran evento deportivo.

LAS VEGAS. Las expresiones que exhiben los rostros del estadounidense David Benavidez y el mexicano Gilberto «Zurdo» Ramírez son peculiares. Les cuesta reír y resulta difícil hallar calidez y armonía en ellas. Denuncian todo lo difícil que resulta sobrevivir en las regiones más bravas del Oeste americano y poder llegar intactos a cumplir un sueño en plena juventud. Y esto es común en ambos.

Animarán esta medianoche una de las peleas más esperadas del último lustro, en el T-Mobile Arena de Las Vegas, donde el ataque, los bombardeos y el KO presagian que los puristas de la técnica y la estrategia deberán postergar sus pretensiones para otra función. Televisará ESPN en Disney+.

Ramírez (90.700 kg), de 34 años, expondrá el título mundial Crucero AMB y OMB, en la recta final de una carrera que comenzó en 2009 y cristalizó la conquista de su primer mundial (supermediano OMB, con 76,200 kg) en 2016. Nació en Mazatlán, Sinaloa, y compartió la escuela primaria con su trabajo infantil en las obras de construcción. Eso lo hizo fuerte para conocer el boxeo y la crueldad de los carteles regionales, que asesinaron a la mayoría de sus amigos, que no vivieron más de quince años. El ruido de las balas fue familiar a sus oídos. Con estos recuerdos, Ramírez expresa permanentemente: «Llevo el dominio conmigo y estoy cansado de su compañía». Es un zurdo lento pero muy guapo, de pegada respetable y un récord de 48 victorias (30 KO) y sólo un revés, ante el mejor semipesado del momento: el ruso Dmitry Bivol. Su última victoria, sobre el cubano Yuniel Dorticos, le permitió consagrarse bicampeón. No convenció a los expertos y hoy tendrá que revertir ese concepto.

David Benavidez tiene 29 años, nació en Phoenix, Arizona, y debutó de profesional a los 16. Mutó su apodo pugilístico de Bandera Roja a El Monstruo, y le agrada que lo llamen así. Jamás el mexicano Saúl «Canelo» Álvarez quiso darle una oportunidad y lo postergó por mucho tiempo, transformándolo en víctima ante el gran público de boxeo, que le brindó todo su apoyo. Luchó para salir airoso de la pobreza y sus contratiempos, y logró su objetivo. Ganó los 31 combates que realizó (25 por KO) y sumó los cetros mundiales en las categorías supermediano y semipesado. Sube mucho de peso, casi once kilos, y no tiene una estructura atlética fibrosa que le permita una buena distribución por su cuerpo. Sin embargo, se vislumbra como favorito para LA NACION y también para las apuestas de los casinos: 3 a 1, en un match de diagnóstico expeditivo y corto. Manejado por el empresario Sampson Lewkowicz, experimentó un cambio brusco en su imagen y relaciones diarias. Sus apariciones en distintos eventos junto a figuras como Will Smith y Mike Tyson llamó poderosamente la atención. Distintas revistas americanas de lifestyle requirieron de su figura para ser parte de sus portadas.

Benavidez y Ramírez se conocen desde hace mucho tiempo. Incluso, David y su familia colaboraron con Gilberto en la preparación para la pelea con el armenio Arthur Abraham, cuando ganó su primera corona. «Esto es así. Ahora somos socios en un negocio deportivo y tenemos que darle a la gente lo que vino a ver. Eso es todo. Termina y todo vuelve a la normalidad», declaró Benavidez a LA NACION.

Sería difícil vaticinar si el trámite de este match gestará un nuevo clásico del ring, aunque nadie duda sobre la atracción del mismo. En Tokio, los japoneses Naoya Inoue y Junto Nakatani también pretenden paralizar al mundo con su desafío mundialista (pelearán a las 3 de la madrugada del domingo de nuestro país). En tanto, Canelo Álvarez confirmó su vuelta al cuadrilátero ante el camerunés Christian Mbilli, el 12 de septiembre en Riad, Arabia Saudita. Pero nada de todo esto podrá quitar de eje al combate entre Benavidez y Ramírez; conscientes de la obligación que tienen de lucir sin vacilar. Cumplirlo será decisivo para quien resulte vencedor y se consagre como uno de los tres mejores púgiles del momento. Esta será la gran misión, más allá del resultado.

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