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domingo, 26 abril, 2026
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Chernobyl: el hongo negro que desafía las reglas y se aprovecha de la radiación

A 40 años de la explosión en la central nuclear de Chernobyl, un hongo negro llamado Cladosporium sphaerospermum no solo sobrevive a la radiación, sino que la utiliza como fuente de energía para crecer en un ambiente inhabitable para la mayoría de las formas de vida.

A 40 años de la explosión en la central nuclear de Chernobyl en Ucrania, conocida como la peor catástrofe nuclear de la historia, el lugar del desastre sigue siendo un ambiente contaminado por radiación donde apenas se encuentran insectos. Sin embargo, en medio de la hostilidad de las ruinas, se halló un rastro de vida que logró prosperar: el hongo negro.

El “hongo negro” de Chernobyl, también llamado “hongo radiotrófico” y conocido científicamente como Cladosporium sphaerospermum, es un tipo de hongo que no solo sobrevive a la radiación, sino que se alimenta de ella y la utiliza para prosperar. Según explicó a PERFIL el Dr. en Ciencias Naturales e investigador independiente del CONICET, Sebastián Pelliza, “el hongo que crece en las paredes del reactor 4 de Chernobyl es Cladosporium sphaerospermum y la particularidad es que utiliza la radiación como fuente de energía para crecer, lo que le permite vivir en un ambiente con radiación extrema donde no podrían sobrevivir otros seres vivos”.

Pelliza, también director del Instituto Spegazzini (División Micología) del Museo de La Plata, detalló que este hongo pertenece al filo Ascomycota, con hifas finas, septadas y ramificadas, de color hialino a marrón, y forma colonias aterciopeladas de tonos verde oliva o marrones. Se encuentra comúnmente en suelos, vegetación en descomposición y materiales orgánicos.

El micólogo y fundador de Hongos de Argentina, Francisco Kuhar, agregó: “A estos hongos se los conocía de otros sitios, pero son los únicos capaces de resistir los niveles de radiación de los reactores contaminados de Chernobyl. Algunos son unicelulares como levaduras, y otros mohos negros como los que salen en paredes y techos húmedos”.

El Dr. en Biología e investigador del CONICET indicó que “se trata de hongos de color negro intenso porque acumulan mucha melanina” y que “no hay que imaginarlos como los honguitos de sombrero que encontramos en los bosques o patios”. Además, destacó que “los hongos en general, y esta especie en particular, tienen una gran plasticidad genética, lo que les permite crecer en todo tipo de ambientes, incluso donde no pueden otros seres vivos. Son muy exitosos evolutivamente y hace millones de años que están en la Tierra”.

Una de las características más llamativas es que Cladosporium sphaerospermum no solo sobrevive a la radiación, sino que la busca y se aprovecha de ella. Pelliza explicó que el mecanismo de alimentación es la “radiosíntesis”, ya que estos hongos contienen melanina, el pigmento que protege la piel humana de la radiación ultravioleta. “La melanina actúa como un transductor de energía, captando radiación ionizante (como rayos gamma) y transformándola en energía química que el hongo puede usar para crecer”, de manera similar a cómo las plantas usan la luz solar para la fotosíntesis.

Kuhar profundizó: “La misma melanina que nos protege de los rayos UV del sol, en ellos está mucho más concentrada y puede absorber dosis altas de rayos gamma y otras radiaciones que matarían a cualquier otro ser vivo. Las radiaciones como la gamma o la UV rompen moléculas y las transforman en radicales libres que pueden dañar las membranas celulares y el ADN. La melanina tiene la capacidad de absorber y dispersar la energía de la radiación antes de que llegue a moléculas más delicadas”.

Pelliza señaló que en ensayos de laboratorio se observó que la biomasa de estos hongos aumenta bajo radiación, incluso con nutrientes limitados, y que poseen radiotropismo, es decir, “crecen orientándose hacia fuentes de radiación, similar a cómo las plantas crecen hacia la luz”. Sin embargo, aclaró que no hay pruebas definitivas de que el hongo se alimente de la radiación; algunos crecen más en presencia de ella, pero el mecanismo aún se investiga.

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