El lanzamiento del modelo Claude Mythos por parte de Anthropic marca un punto de inflexión en la regulación de la inteligencia artificial en Estados Unidos, donde la administración Trump comienza a intervenir ante los riesgos para la seguridad nacional.
Cinco empresarios famosos —Dario, Demis, Elon, Mark y Sam— ejercen un control significativo sobre los modelos de inteligencia artificial que darán forma al futuro. La administración Trump se había mantenido al margen incluso cuando esos modelos adquirieron capacidades asombrosas, convencida de que la competencia sin restricciones entre empresas privadas es la mejor manera de garantizar que Estados Unidos gane la carrera de la IA frente a China.
Sin embargo, algo cambió y la lógica de dejar hacer empieza a dar paso a una etapa de mayor intervención. El vertiginoso progreso de los modelos también representa una amenaza para la propia seguridad nacional del país, inquietando a miembros de la administración Trump que antes estaban más preocupados por la sobrerregulación. Al mismo tiempo, el creciente resentimiento entre los votantes estadounidenses está convirtiendo a la IA en un tema políticamente explosivo.
El punto de inflexión fue el anuncio del lanzamiento del modelo Claude Mythos por parte de Anthropic el 7 de abril. La última creación de la compañía es tan sorprendentemente eficaz para encontrar vulnerabilidades de software que, en las manos equivocadas, amenazaría infraestructuras críticas, desde bancos hasta hospitales. Los modelos de IA también plantean cada vez más otros riesgos, desde peligros para la bioseguridad hasta estafas a escala industrial.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, consideró que Mythos era demasiado peligroso para un lanzamiento general. En su lugar, lo ha reservado para su uso por parte de unas 50 grandes empresas de los sectores de la informática, el software y las finanzas, con el fin de reforzar sus propias defensas. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, se mostró tan inquieto que convocó a los principales bancos a conversaciones urgentes.
Semanas antes, el Pentágono había tomado cartas en el asunto después de que Amodei se negara a permitir que el modelo de Anthropic se utilizara en armas totalmente autónomas o para la vigilancia masiva dentro del país. También entonces la administración Trump se alarmó, debido al poder que una sola empresa ejercía sobre una tecnología central para la seguridad nacional.
Las encuestas de opinión están llevando a cada vez más políticos a pensar que la IA será uno de los grandes temas en las elecciones de 2028. Los estadounidenses son mucho más escépticos respecto de la IA que las personas de otros países. Siete de cada diez creen que la IA perjudicará las oportunidades laborales, un aumento significativo respecto al año anterior. La oposición de base a los centros de datos está aumentando rápidamente. Como señal de los tiempos, la casa de Sam Altman, director de OpenAI, ha sido atacada dos veces en los últimos días.
La historia sugiere que, con una tecnología tan transformadora como la IA, un “momento Mythos” era inevitable. Desde John D. Rockefeller hasta Henry Ford, las grandes innovaciones industriales de Estados Unidos fueron lideradas por un pequeño número de hombres que acumularon un enorme poder. Con el tiempo, los gobiernos del siglo XX intervinieron para controlar industrias excesivamente poderosas. La historia también indica que controlar la IA será complicado, debido a que las consecuencias de un posible fracaso son extremadamente altas y a que la IA está evolucionando a una velocidad vertiginosa.
El crecimiento económico se beneficiará de la rápida difusión de los beneficios de la IA, pero la posible reacción adversa podría conducir fácilmente a una sobrerregulación. No hacer nada podría dejar a Estados Unidos vulnerable al caos provocado por usos malintencionados de la IA, pero un exceso regulatorio aseguraría que China gane la carrera tecnológica. Esto convierte al momento actual en especialmente peligroso. Hace apenas dos años, durante la administración Biden, los debates sobre regulación se centraban principalmente en la ética y la transparencia; ahora la urgencia es otra.
