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miércoles, 8 abril, 2026
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El resurgimiento de las sustancias psicodélicas: entre la ciencia, la historia y la experiencia personal

Un nuevo libro analiza el retorno de los psicodélicos al debate público, explorando sus raíces históricas en Argentina, su potencial terapéutico y las tensiones entre la experiencia personal y la investigación académica.

La psicodelia vuelve a ocupar un lugar en la conversación pública, ya no solo como un emblema contracultural del pasado, sino como una zona de cruce entre la ciencia, el mercado y la búsqueda espiritual. En El herborista alucinado. Psicodelia, integraciones y otros viajes (Editorial Marciana), Fernando Krapp traza una cartografía de ese retorno y de sus tensiones.

El regreso de las sustancias psicoactivas al debate no se explica solo por modas o nostalgia. En las últimas dos décadas, investigaciones clínicas en universidades anglosajonas reinstalaron compuestos como la psilocibina en el campo terapéutico. Este movimiento dialoga con una tradición previa que en Argentina tuvo hitos tempranos: en 1956, Alberto Tallaferro publicó Mescalina y LSD-25, el primer estudio sistemático local sobre aplicaciones clínicas del ácido lisérgico.

Ese linaje de investigación fue interrumpido por la prohibición global impulsada en 1971, que clausuró ensayos y desplazó la investigación hacia la clandestinidad. Lo que hoy se presenta como un «renacimiento psicodélico» promovido por centros académicos de prestigio tiene, en realidad, antecedentes más densos y menos lineales.

Krapp se pregunta si este resurgimiento académico anglosajón encuentra un correlato en Argentina, un país con una fuerte tradición psicoanalítica y experiencias locales poco difundidas. Entre esos antecedentes aparece Mesa Verde, un grupo rosarino integrado por profesionales de la salud y antropólogos que en los años noventa trabajó con ayahuasca y otros enteógenos, organizando talleres y promoviendo el intercambio con conocimientos tradicionales.

El libro, sin embargo, no es solo una investigación historiográfica. Nace de un cruce entre la indagación y la vivencia personal. Krapp decidió probar cada sustancia que analiza –LSD, ayahuasca, hongos psilocibios– como parte de una ética del conocimiento, comprendiendo desde la experiencia directa aquello que luego sería materia de reflexión crítica. Esta aproximación genera una tensión narrativa entre la disolución del yo en el trance y la necesidad de un sujeto que ordene y escriba la experiencia.

El concepto de «enteógeno» («dios dentro») abre otro plano de lectura, permitiendo pensar estos estados como formas contemporáneas de vivencia espiritual. Al mismo tiempo, el discurso legitimador actual proviene sobre todo de la neurociencia, que describe la acción de estas moléculas sobre receptores serotoninérgicos y redes neuronales.

El herborista alucinado examina así un fenómeno complejo, donde convergen historia local, ciencia, espiritualidad y mercado, ofreciendo una mirada documentada y personal sobre un tema que gana nuevamente relevancia.

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