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jueves, 12 febrero, 2026
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El infierno que vive la mujer que escapó de una colonia menonita: violencia, explotación y el secuestro de sus hijas

María Unger Reimer (34) tiene un moretón en el ojo. La piel blanca, el pelo rubio, los ojos cansados. Habla despacio y con un gesto que parece una sonrisa pero que esconde su preocupación. La mujer nació en la colonia menonita de Nueva Esperanza, en Guatraché, una comunidad de 1.400 personas en La Pampa, a 210 kilómetros de Santa Rosa.

En 2019, cansada de la violencia que sufría en su casa, decidió «retirarse» y escapar. Se subió a un micro, sin dinero, compañía ni ayuda, y terminó en Tucumán. Allí trabajó en un campo, conoció a un hombre que también había escapado de la religión pero en otra comunidad y tuvo otra hija.

«Me retiré de la comunidad hace siete años, dejé de ser menonita porque nunca estuve cómoda ahí, nunca te dan libertad de poder elegir, no podés tomar decisiones. Tenés que casarte, si sufrís violencia de género no podés separarte: yo no tuve opción», le contó al canal de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa en una entrevista urgente.

Es que desde el fin de semana que María vive una pesadilla: tuvo que regresar a La Pampa porque su madre estaba internada en el hospital tras dos infartos y pedía por ella. Su ex pareja intentó matarla y la amenazó con prenderla fuego a ella y a sus hijas, y luego las «secuestraron» y las llevaron de vuelta a la comunidad. No sabe nada de ellas y pide que las restituyan o que sean puestas a resguardo de algún familiar.

«Éramos una familia grande, somos 11 entre hermanas y hermanos. Todo fue siempre muy difícil, tenía que trabajar desde los 8 años, tenía que mantener la casa, lavar la ropa, cocinar, tuve que empezar a hacer la ropa a los 12 o 13 años porque ellos no la compran, tenía que ordeñar vacas, me explotaron desde chiquita con el trabajo. Siempre he sufrido mucho ahí, no entendía por qué era así el trato. Ellos solo hablan el idioma de ellos, no te permiten aprender otro idioma, entonces salir es muy difícil», contó la mujer durante la entrevista.

A los 16 años María ya había intentado escapar pero, como era menor, la encontraron y la devolvieron a su familia. En su comunidad las mujeres solo pueden hablar Plautdietsch, un dialecto tradicional relacionado con el Bajo Alemán (Plattdeutsch).

«Ellos sólo hablan el idioma de ellos, no te permiten aprender otro idioma. Es muy difícil salir y no hablar el castellano, no tenés dónde ir además tu familia está toda ahí. A los 18 años me casé con el padre de mis dos hijas. La relación no funcionó y empezó a haber violencia, me volví a ir pero me dejé convencer de nuevo para volver, me decían que si volvía iba a ser diferente, que me iban a tratar mejor. Pero no, cuando volví era todo igual. Cuando no cumplías todas las reglas que imponen, vos eras mal visto en la comunidad, te decían muchas cosas», recordó la mujer.

El regreso

María escapó y se instaló en Tucumán donde formó una nueva familia. En 2022 logró recuperar a sus hijas que pudieron ser escolarizadas bajo un plan de educación formal durante tres años. Pero la mayor, de 15 años, decidió regresar. «Entre los 15 y los 20 pueden tener novio, después las casan», explicaron a Clarín. Como ella tenía una pareja, decidió volver a la comunidad.

La menor, de 12 años, quedó bajo el cuidado de su madre pero tenía conversaciones y vínculos con su padre. «Nunca me pasó ayuda económica su papá ni se ocupó de ellas. Yo las mandaba a la escuela, él trabaja haciendo portones de campo y se va a otras ciudades por muchos días y las deja a la deriva», contó sobre la situación de las nenas mientras viven en la comunidad.

La semana pasada María regresó a La Pampa a cuidar a su madre enferma. «La más chica quería visitar al padre porque él le había prometido muchas cosas. Las manipulan porque saben que así me hacen daño. Por eso no quieren que estén conmigo», contó en esta entrevista donde denunció la situación desesperante que atraviesa.

Karina Lucia Alvarez Mendiara es abogada de María y, en diálogo con Clarín, explicó: «El progenitor de las nenas amenazó con rociarlas con nafta y prenderlas fuego a las tres. Ella volvió a la comunidad y la golpeó. Logró escapar y realizó la denuncia, estuvo un día internada en General Acha. Alquiló un departamento frente al hospital para cuidar a su madre en Santa Rosa y una camioneta con una persona que María logra identificar como el novio (de su hija de 15) y el padre de él, las secuestra y las lleva de regreso a la comunidad. Un control los detiene camino a Guatraché pero, como supuestamente las niñas manifestaron que querían seguir con su papá, las dejaron ir. Ahora no sabe nada de ellas, cómo están ni tiene contacto».

«Hicieron caso omiso a todo el contexto de violencia denunciado y solo evaluaron la manifestación de la mayor, que habló en representación de las dos, y las dejaron irse con su papá», explicó Alvarez Mendiara.

A pesar de la denuncia previa y, como la mujer había manifestado que se iría de la provincia, no tomaron ninguna medida de resguardo ni restricción de acercamiento.

Por cuestiones jurisdiccionales la causa quedó partida: la fiscal Virginia Anton investiga el hecho de violencia de género que sufrió María en Guataché

«Se está investigando una situación de violencia de género que sucedió en la colonia Menonita. Sé adoptaron las medidas necesarias de protección hacia ella. En cuanto a la situación con las niñas, ocurrió en Santa Rosa, no en esta jurisdicción, pero de igual manera ya tienen intervención los organismos correspondientes», aseguró Anton.

Mientras que Cristian Casais, de la fiscalía de Santa Rosa, quedó a cargo de analizar la sustracción de menores. Algo que, dijo a Clarín, fue descartado con la intervención del área de trabajo social de la Municipalidad de Miguel Riglos, donde la Policía logró interceptar la camioneta con las nenas de 12 y 15 años, el novio de la adolescente, el padre de las chica y del joven.

Según explicó Casais a Clarin, «las menores pudieron expresar su deseo de regresar con su padre».

Sin embargo, la abogada de la denunciante advierte que no se tuvo en cuenta en esa intervención, el contexto de violencia y la coerción denunciada. «Recibieron amenazas del tipo ‘me voy a suicidar si se van’ o ‘las voy a prender fuego'», argumentó la abogada.

Ambos fiscales entendieron que las circunstancias fueron dos hechos diferentes que se investigan en paralelo y qué será la justicia del fuero de Familia la que deberá dirimir la cuestión y la guarda de las menores en el contexto denunciado.

La abogada Álvarez Mendiara solicitó este miércoles ante un juzgado de familia un pedido de restitución de las niñas a su madre y medidas de protección para ellas que sí tengan en cuenta el contexto de violencia de género y de vulnerabilidad social.

La preocupación de su madres es porque el progenitor de sus hijas «es alcohólico, toma muchísimo todos los días» y teme que corran riesgo.

«Ella pedía ver al padre, la llevé a la colonia y cuando llegué me pedían que me quedara a cenar ahí. Yo en principio no quise, pero acepté y ahí empezó todo eso. Entré en la casa y estaba desordenada, empecé a acomodar las cosas, el padre de las nenas estaba borracho, todo estaba lleno de latas de cerveza, él casi no se podía mantener de pie. Cuando limpiaba, él me quería tocar, le dije que no, que me dejara. Empezó a molestarse y me dijo ‘te voy a tener que tomar a la fuerza’. Empezó a insultarme y a ponerse violento»; recordó María en la entrevista al canal de La Pampa.

«En un momento me dice ‘tomá a tus malditas hijas y andate a la mierda y no te quiero volver a ver. Estoy cansado de renegar con las nenas que son igual que vos, te voy a prender fuego a vos, a la casa y las nenas’. Ahí yo quería salir pero él me bloqueaba el paso, me dijo que vaya a prender fuego mi auto, me empezó a golpear la cabeza. Venía la nena de 12 años y se ponía en el medio, golpeaba a la nena también. Le arrancó las uñas con los golpes. Hasta que lograron apartarlo para que pudiera salir, subí al auto y las esperé. Llamé a la policía y me dijeron que tenía que ir al hospital, donde me internaron», detalló sobre la brutal agresión que sufrió.

Sin que ella lo supiera, su hija continuó hablando con su novio y coordinó con él para que fuera a buscarla a Santa Rosa. En ese momento, se llevó también a su hermanita. Su abogada pide que las niñas tengan un acompañamiento interdisciplinario y que se tenga en cuenta el contexto en el que se encuentran para garantizar sus derechos.

«Aunque la mayor no quiera venir conmigo, quiero que esté con un familiar, no puede ser que esté con alguien que amenaza de muerte, que está alcoholizado todo el día», ruega María.

MG

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