Especialistas en psicogerontología advierten que tratar a los adultos mayores como niños afecta su salud mental y autonomía. El fenómeno, denominado infantilización, es una forma de edadismo que limita el deseo y la participación económica de este grupo etario.
Durante décadas, según la psicogerontología, se ha difundido una narrativa que asocia el envejecimiento con el repliegue y la vuelta a una suerte de infancia. A ese trato se lo denomina infantilización, una manifestación de edadismo que, de acuerdo con la disciplina, afecta la salud mental de las personas mayores.
La infantilización implica tratar a una persona mayor como a un niño, lo que, según los especialistas, limita su responsabilidad sobre sus actos y su identidad. Además, señalan que afecta un aspecto central para la salud mental: el deseo.
El deseo en la vejez, sostienen, se manifiesta en conductas como enamorarse, explorar la sexualidad, iniciar nuevos proyectos o rechazar responsabilidades de cuidado. La cultura actual, afirman, tolera al anciano frágil y obediente, pero muestra resistencia hacia el adulto mayor deseante.
No obstante, el deseo no se jubila, según la psicogerontología. Desear es una prueba de vitalidad y un motor neurológico y psíquico que sostiene la autonomía funcional y la longevidad saludable.
En paralelo, la economía plateada (silver economy) emerge como una transformación socioeconómica. La población mayor de 60 años concentra poder adquisitivo, tiempo disponible y deseo de consumir vida: viajar, estudiar, vestirse bien, disfrutar de la gastronomía, invertir y tomar decisiones sobre su estilo de vida.
La economía plateada no podrá desarrollarse plenamente, advierten, mientras persista un discurso condescendiente. Las marcas, los medios y la medicina, indican, deben comprender que no se puede vender autonomía a quien se le quita la agencia.
Conectar la longevidad con el futuro exige, según este enfoque, una revolución del lenguaje y de la mirada. La vejez no es una segunda infancia, sino un territorio de experiencia. Para una sociedad saludable, próspera y mentalmente sana, concluyen, es necesario devolver a las personas mayores el derecho a decidir, equivocarse, consumir, arriesgar y desear.
