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domingo, 27 septiembre, 2026
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Vidas artificiales: un libro de Flavia Costa analiza el impacto de la IA en la sociedad

La investigadora del Conicet y docente de la UBA publica un ensayo que reúne intervenciones y artículos escritos entre la irrupción de ChatGPT y comienzos de 2026. El libro aborda la seguridad sistémica de la inteligencia artificial, los debates regulatorios y los cambios sociales asociados a esta tecnología.

El libro Vidas artificiales, de Flavia Costa, será publicado por la editorial Taurus en agosto de 2026. La obra reúne una serie de intervenciones públicas —conferencias, capítulos de libros, clases, entradas de glosarios, artículos académicos y notas de divulgación— escritas a lo largo de tres años, desde la puesta a disposición pública de ChatGPT y otras inteligencias artificiales generativas hasta comienzos de 2026.

Según se detalla en la presentación de la obra, los textos comparten «la marca de una cierta urgencia por observar e intentar comprender, desde los estudios críticos de la tecnología, un gran acontecimiento tecnopolítico en el mismo momento que se está produciendo». La autora señala limitaciones metodológicas y teóricas en ese registro, pero sostiene que este primer testimonio puede ser valioso para lectores e investigadores futuros.

El libro se estructura en capítulos que ofrecen una mirada situada y de alcance general sobre el momento histórico actual. Aborda temas frecuentes en la conversación pública y en la comunidad especializada en ecosistemas digitales, inteligencia artificial y sociedad.

Entre los conceptos que desarrolla, se encuentra el de «seguridad sistémica» de la inteligencia artificial, en particular la enfocada en el aprendizaje automático. El texto distingue entre security y safety, términos técnicos en industrias de riesgo. Mientras security refiere a la acción preventiva contra delitos, sabotajes o acciones malintencionadas, safety se refiere a la prevención de accidentes o incidentes fortuitos, enfermedades laborales y riesgos industriales. En castellano, las industrias acordaron utilizar «protección» para security y «seguridad», «seguridad operacional» o «seguridad sistémica» para safety.

El libro menciona que, como campo de estudio, la seguridad sistémica de la inteligencia artificial tiene entre diez y quince años. Señala que hay escasos expertos, en parte porque muchos de quienes más saben de IA han sido convocados para desarrollar sistemas, incluidos sistemas militares. Menciona casos de investigadores que se apartaron de empresas tecnológicas para crear proyectos propios, como Andrej Karpathy, ex Tesla y miembro fundador de OpenAI, quien lanzó Eureka Labs, y Mira Murati, ex directora de tecnología de OpenAI, quien fundó Thinking Machines Lab.

El texto también alude a la carta de renuncia de Mrinank Sharma, por dos años director de seguridad de IA de Anthropic, quien dejó su puesto en febrero de 2026 afirmando que «el mundo está en peligro» y que había visto cuán difícil es «hacer que nuestros valores gobiernen nuestras acciones». Sharma había encabezado la publicación de un estudio de Anthropic que, tras analizar 1,5 millones de interacciones con Claude, documentaba un potencial de desempoderamiento de los usuarios. El libro define «desempoderamiento» como la situación en que el rol de una IA en la formación de las creencias, valores o acciones de un usuario es tan importante que el juicio autónomo de la persona se ve comprometido.

En el ámbito regulatorio, el libro consigna hechos ocurridos entre 2025 y 2026. En marzo de 2025, luego de la segunda cumbre de seguridad de la IA en París, el gobierno de Estados Unidos ordenó al Instituto de Seguridad de la IA (AISI), creado en 2023, eliminar toda mención a AI safety, responsible AI y AI fairness, priorizando «reducir el sesgo ideológico». Ese mismo mes, el AI Safety Institute del Reino Unido pasó a llamarse AI Security Institute. En junio de 2025, la administración estadounidense transformó la AISI en Centro de Estándares e Innovación de la IA, borrando toda referencia a la safety. A comienzos de 2026, se produjo una tensión entre Anthropic y la Casa Blanca: la empresa se negó a permitir que su IA fuera usada para vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y para desarrollar armas totalmente autónomas. El gobierno amenazó con designarla «riesgo para la cadena de suministros» e invocar la Ley de Producción de Defensa para eliminar sus medidas de seguridad.

El libro también aborda la noción de «cambio de fase» (phase transition). En sentido acotado, describe el fenómeno según el cual, superado cierto umbral de escala en los modelos de lenguaje, las capacidades emergentes no crecen gradualmente sino de manera abrupta. Pero el texto se refiere a un umbral de otro orden: la tesis de que el campo de la IA está cruzando un punto de inflexión cualitativo que cambiará el régimen de desarrollo y el modelo de sociedad. Cita un análisis de enero de 2026 de Chris McGuire para el Consejo de Relaciones Exteriores: «Estos no son avances incrementales; señalan una transición de fase».

Se mencionan posiciones de actores del sector. Para los aceleracionistas —Sam Altman, Dario Amodei de Anthropic en ciertas declaraciones, Jensen Huang de Nvidia— la transición anuncia la llegada inminente de la inteligencia artificial general o la superinteligencia. Amodei expresó en el podcast Dwarkesh en febrero de 2026: «Lo más sorprendente está siendo la falta de reconocimiento público de lo cerca que estamos del final del crecimiento exponencial». Para escépticos como Karpathy, el cambio de fase ya ocurrió a finales de 2025 y se refiere a un cambio en el régimen de producción donde las IA hacen ya el 80% de la programación.

La autora sostiene que la transición de fase más relevante no es la que sucede en los laboratorios sino la que ocurre en la sociedad: el momento en que los sistemas de gobernanza dejan progresivamente de depender de la participación humana, los límites que el desarrollo tecnológico encuentra en costos sociales, energéticos y ambientales, o la concentración de riqueza que genera desigualdades extremas.

El libro reseña también debates de años anteriores. Durante la pandemia de covid-19, se planteó la necesidad de un «nuevo acuerdo tecnológico». Bill Gates y Eric Schmidt se reunieron con el entonces alcalde de Nueva York Andrew Cuomo para «reimaginar la realidad poscovid» con énfasis en la integración permanente de la tecnología en la vida cívica. Schmidt dijo en una videoconferencia el 6 de mayo de 2020: «Sabemos que el cambio no solo es inminente, sino que puede ser beneficioso si se hace bien». Sus prioridades se centraban en telesalud, aprendizaje remoto y banda ancha. La abogada Renata Ávila, por su parte, impulsaba un nuevo pacto tecnológico orientado a una democracia digital y discutía soberanía tecnológica para naciones de la región.

El texto plantea que, entrado 2026, la afirmación de la «crisis de la democracia» es un hecho consumado. Señala que ni los organismos multilaterales, ni los parlamentos, ni la justicia operan del mismo modo que hace una década. Y cierra con una pregunta: «¿Serán nuestros saberes sobre lo social capaces de afrontar la sociedad artificial del siglo XXI?».

La autora, Flavia Costa, es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es profesora asociada del seminario Técnica, Cultura y Sociedad y dirige el Observatorio de Tecnologías, Sociedad y Ecosistemas Digitales (TecnocenoLab) en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Integra el colectivo Ludión y fue una de las fundadoras de la revista Artefacto. Es autora de la novela Las anfibias (Adriana Hidalgo, 2008) y de publicaciones académicas sobre tecnología, cultura y sociedad. Su libro Tecnoceno: Algoritmos, biohackers y nuevas formas de vida (Taurus, 2021) fue reconocido en 2024 con el premio Konex de ensayo político.

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