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viernes, 11 septiembre, 2026
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Una psicóloga adoptó un gato que vio en una veterinaria y la experiencia derivó en un libro sobre el duelo animal

Carolina Marcó del Pont adoptó a Felipe, un gato naranja que se convirtió en colaborador terapéutico y origen de más de mil tránsitos de animales rescatados. Tras años de tratamiento por hipertiroidismo y una arritmia cardíaca, el animal falleció en junio. La profesional publicó una guía para acompañar el duelo por la pérdida de un compañero animal.

La psicóloga Carolina Marcó del Pont adoptó a Felipe, un gato de pelaje naranja, luego de verlo en una jaula de exposición en una veterinaria. Según relató, en ese momento atendía a una paciente en su domicilio y, tras una sesión en la que viajó en colectivo, pasó por el local, compró los elementos necesarios, pidió un remís y adoptó al animal.

“A partir de ese día, empezó a cambiar mi vida. Felipe fue el primer animal que estuvo totalmente bajo mi responsabilidad cuando me fui a vivir sola, y también el responsable de transformar mi existencia y llevarme a ser la persona que soy hoy”, declaró Marcó del Pont.

El gato comenzó a ingresar al consultorio por iniciativa propia, excepto cuando los pacientes manifestaban incomodidad. Su presencia facilitaba el vínculo con personas introvertidas. En ocasiones se trepaba a una biblioteca para dormir o contemplar la sesión. Los pacientes lo llamaban “centinela”.

“Esta interacción espontánea despertó mi curiosidad por comprender mejor el impacto de los animales en el ámbito terapéutico, lo que me llevó a formarme en Intervenciones Asistidas por Animales. Aunque las formaciones formales de la época se centraban en perros, Felipe se convirtió en un colaborador autodidacta. En sesiones con niños con discapacidad, participaba de actividades sencillas como recibir paté preparado por los propios pacientes en alfombras de lamido”, sostuvo la psicóloga.

A través del cuidado de Felipe, Marcó del Pont tomó contacto con veterinarios dedicados al rescate y ofreció su hogar como espacio de tránsito. Por su casa pasaron más de mil animales rescatados.

Con el paso del tiempo, el gato presentó una pérdida de peso progresiva. El diagnóstico confirmó hipertiroidismo. Recibió medicación diaria durante casi dos años y una terapia con yodo radiactivo que requirió dos días de aislamiento. Los valores tiroideos se estabilizaron, pero la afección derivó en una arritmia cardíaca.

Durante los cuatro años siguientes, el tratamiento incluyó cuatro medicaciones diarias y monitoreo constante por retención de líquidos que requerían diuréticos. “A veces se llenaba de agua y se inflaba como un globo, entonces debíamos inyectarle diuréticos para que liberara todo ese líquido que, por suerte, en las primeras instancias le iba al abdomen”, detalló Marcó del Pont.

En ese período, el animal atravesó tres episodios graves de salud: mycoplasma y dos decaimientos severos, de los cuales se recuperó. “Y el problema real empezó cuando ya el líquido empezó a ir para el lado de los pulmones. Ahí solo quedaba punzar y esperar que mejorara. Durante todos esos años, que fueron como cinco, Felipe tomaba cuatro pastillas diarias. Pero fueron años en los que no me fui de vacaciones. Me daba pánico que le pasara algo cuando yo no estaba. Además no sabía si alguien iba a ser capaz y responsable para darle su medicación como correspondía. La muerte lo perseguía, pero él era más rápido”, afirmó.

Felipe falleció un domingo de junio, tras compartir un momento al sol en el jardín y descansar sobre Marcó del Pont. La despedida se organizó en su casa, sobre la cama que compartía con la profesional y otros animales.

“Cuando se fue, lloré muchísimo, obviamente. Lo primero que hice, que es algo que hice con todos ellos, fue escribir un posteo despidiéndolo en Instagram. Siempre uso ese recurso porque a través de mis redes mucha gente conoce y quiere a mis animales, y muchos adoraban a Felipe, así que me sentí muy acompañada. A mi me gusta mucho escribir: poner palabras a lo que siento muchas veces me ayuda a procesar. Y luego me tomé mi tiempo y me respeté. Trabajo en forma independiente y eso me da la posibilidad de manejar mis tiempos, así que tuve la suerte de poder suspender algunos compromisos sin tener que mentir, y me tomé un par de días para estar en casa con el resto de mis animales, y acompañar a Florita, una de mis gatitas que había sido criada por él (porque él siempre me ayudaba a criar a todos los bebés que venían en tránsito a casa). Florita también sintió mucho su ausencia y yo veía que lo buscaba por la casa”, relató.

Esa pérdida y la de otros tres integrantes de su familia multiespecie llevaron a Marcó del Pont a escribir el libro “Permiso para sentir: una guía para acompañarte en el duelo por la pérdida de un compañero animal”.

La obra incluye herramientas para atravesar el duelo, entre ellas: comprensión del duelo anticipado, validación de las emociones, expresión y rituales de despedida, manejo de la culpa y cuidado del cuerpo y regulación.

El sitio Ciudad Cero recibe historias de adopción, rescate, rehabilitación o ayuda a animales en situación de riesgo a través del correo [email protected].

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