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domingo, 16 agosto, 2026
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La medicina intervencionista amplía el tratamiento del dolor crónico pediátrico en Argentina

El dolor crónico pediátrico es reconocido como una enfermedad compleja que afecta el desarrollo físico y emocional de los niños. Un nuevo programa de medicina intervencionista en Buenos Aires incorpora técnicas mínimamente invasivas para los casos que no responden a tratamientos convencionales.

Buenos Aires, 16 de agosto (NA) — El dolor crónico pediátrico es reconocido actualmente como una enfermedad compleja que puede afectar el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social de quienes lo padecen, así como la calidad de vida de sus familias. Este cambio de paradigma se formalizó en 2021 con la publicación de la primera Guía Mundial para el Manejo del Dolor Crónico en Niños y Adolescentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, el documento estima que hasta uno de cada tres niños experimentará algún tipo de dolor crónico durante la infancia o la adolescencia, y que aproximadamente uno de cada veinte desarrollará dolor incapacitante, con consecuencias sobre la escolaridad, el descanso, la salud mental y la vida familiar.

La guía propone abordar el dolor no solo como síntoma, sino como una enfermedad que requiere un enfoque biopsicosocial, con estrategias terapéuticas individualizadas que integran tratamientos físicos, psicológicos y farmacológicos.

Nuevo programa en el ámbito privado

En este contexto, el Sanatorio Trinidad Ramos Mejía de Buenos Aires puso en marcha el primer Programa Integral de Medicina Intervencionista del Dolor en Pediatría del ámbito privado de la Argentina. Este programa incorpora procedimientos mínimamente invasivos, realizados bajo guía ecográfica o radioscópica, como bloqueos nerviosos, radiofrecuencia y neuromodulación, destinados a pacientes cuyo dolor persiste a pesar de los tratamientos conservadores.

El Dr. Walter Theiller, jefe del Servicio de Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos del centro, explicó: “La medicina intervencionista no reemplaza los tratamientos convencionales; los complementa cuando estos ya no alcanzan. Nuestro objetivo no es únicamente disminuir el dolor, sino recuperar la funcionalidad, favorecer el desarrollo y permitir que el niño vuelva a realizar las actividades propias de su edad”.

La OMS reconoce que estas terapias representan un área de rápido crecimiento y, aunque aún no forman parte de las recomendaciones centrales de su guía por la limitada evidencia disponible, identifica a la medicina intervencionista como uno de los campos con mayor potencial de desarrollo en el tratamiento del dolor pediátrico.

Factores que impulsan la disciplina

El aumento de la supervivencia de niños con enfermedades oncológicas, neurológicas y malformaciones congénitas, junto con un mayor reconocimiento del dolor neuropático y del dolor persistente posterior a cirugías complejas, generó una mayor demanda de tratamientos específicos. Además, la medicina moderna busca reducir el uso prolongado de opioides y otros analgésicos cuando existen alternativas que controlen el dolor de forma más localizada y con menos efectos adversos.

El tratamiento del dolor infantil requiere equipos multidisciplinarios integrados por anestesiólogos especializados en medicina del dolor, pediatras, neurólogos, oncólogos, traumatólogos, psicólogos, kinesiólogos, nutricionistas y especialistas en rehabilitación y cuidados paliativos.

“Hoy sabemos que tratar el dolor es mucho más que aliviar un síntoma. Significa evitar que el niño deje de jugar, de aprender, de dormir bien o de relacionarse con su entorno. Tratar el dolor a tiempo también es proteger su desarrollo futuro”, señalaron los expertos del centro asistencial.

El programa del Sanatorio Trinidad Ramos Mejía integra evaluación especializada, tratamiento clínico y conservador, apoyo psicológico y nutricional, rehabilitación antes y después de las intervenciones y, cuando está indicado, técnicas mínimamente invasivas dentro de un plan terapéutico individualizado con seguimiento longitudinal.

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