El 20 de julio de 2012, James Holmes ingresó armado a una sala de cine en Aurora, Colorado, y mató a doce personas. En 2015 fue sentenciado a doce cadenas perpetuas más 3.318 años de prisión.
James Holmes, de 24 años, ingresó a una sala del cine de Aurora, Colorado, Estados Unidos, la madrugada del 20 de julio de 2012, aproximadamente diez minutos después del inicio de la proyección de la película Batman The Dark Knight Rises. Vestía chaleco antibalas y máscara de gas, y llevaba el pelo teñido de rojo. Portaba gas lacrimógeno, un rifle semiautomático AR-15, una escopeta Remington calibre 12 y dos pistolas Glock calibre .40. Según la fiscalía, usaba auriculares con música tecno a alto volumen para bloquear los gritos de las víctimas.
Holmes abrió fuego al azar contra el público. Doce personas murieron y otras 70 resultaron heridas. Al ser detenido en el estacionamiento del cine, declaró a los oficiales de la policía de Aurora que era “el Joker”, el villano de la película.
En los 60 días previos al ataque, Holmes compró legalmente las cuatro armas en comercios de la zona. Adquirió por internet más de 6.000 balas: 3.000 para el rifle, 3.000 para las pistolas Glock y 300 para la escopeta. Un mes antes, el dueño de un campo de tiro rechazó su solicitud de membresía tras escuchar un mensaje de voz que describió como “extraño, gutural y espeluznante”.
El departamento donde vivía estaba minado con explosivos caseros conectados por cables, diseñados para distraer a los servicios de emergencia. El escuadrón de explosivos de la policía desactivó los dispositivos horas después del ataque.
Días antes del tiroteo, Holmes envió por correo un cuaderno al Centro Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, dirigido a su psiquiatra, Lynne Fenton. El paquete no llegó a sus manos hasta después de la masacre. En el cuaderno, los investigadores encontraron un mapa mental del ataque: bocetos sobre los tiempos de respuesta de las autoridades, una lista de posibles blancos y la frase “¿Qué mejor lugar que una sala de entretenimiento discreta?”. En la tapa había escrito “Insight into the Mind of Madness” (Una mirada a la mente de la locura). En su interior, la palabra “¿Por qué?” se repetía en varias páginas. Incluyó una sección titulada “Self diagnosis of a Broken Mind” (Autodiagnóstico de una mente rota), donde listaba posibles diagnósticos propios: esquizofrenia, trastorno de adaptación y síndrome de piernas inquietas. Escribió además: “La mente es una prisión de incertidumbre”.
James Eagan Holmes nació el 13 de diciembre de 1987 en el condado de San Diego, California. Se graduó del Westview High School en 2006 y obtuvo una licenciatura en neurociencia con honores en la Universidad de California en Riverside en 2010. No asistió a su ceremonia de graduación. El rector de esa universidad, Timothy White, afirmó que Holmes “tenía la capacidad de hacer cualquier cosa que quisiera en el plano académico”. Tras recibirse, trabajó a tiempo parcial en un local de McDonald’s. En junio de 2011 se inscribió en el programa de doctorado en neurociencia de la Universidad de Colorado en Denver y se mudó a un departamento cerca del campus médico en Aurora. En el formulario de alquiler se describió a sí mismo como “tranquilo y de buen trato”.
En la primavera de 2012, Holmes empezó a tener dificultades con sus estudios y reprobó un examen clave. Comenzó a atenderse con la doctora Fenton, psiquiatra de la universidad. Durante las sesiones le habló de sus pensamientos de matar personas. La psiquiatra sospechó que eran pensamientos intrusivos propios de un trastorno obsesivo-compulsivo y le recetó sertralina, un antidepresivo de la familia de los ISRS. Le triplicó la dosis: de 50 mg a 150 mg diarios en el transcurso de varias consultas. Las notas de la doctora Fenton registraron que, menos de cuatro semanas después de iniciar la medicación, Holmes mostraba “pensamiento de nivel psicótico. Reservado, paranoico, con pensamientos hostiles que no quiere elaborar”. El propio Holmes describió en su cuaderno el efecto de la sertralina: “La ansiedad y el miedo desaparecen. Ya no hay miedo, ya no hay miedo al fracaso. El miedo al fracaso impulsaba la determinación de mejorar y tener éxito en la vida. No hay miedo a las consecuencias”.
El 11 de junio de 2012, la doctora Fenton llamó a Arlene Holmes, la madre de James, para informarle que su hijo abandonaba el doctorado. No le dijo nada sobre los pensamientos de matar. “Ni siquiera sabíamos que estaba viendo a una psiquiatra”, declaró Arlene durante el juicio de 2015. Los padres de Holmes reservaron pasajes para visitarlo en Denver el 9 de agosto de 2012. El tiroteo ocurrió el 20 de julio. “Demasiado tarde. Demasiado tarde”, reflexionó Arlene.
Holmes fue imputado por 24 cargos de asesinato en primer grado y 140 cargos de intento de homicidio. Se declaró inocente por razones de demencia. Los psiquiatras que lo evaluaron no llegaron a un acuerdo: hubo diagnósticos de esquizofrenia, trastorno esquizoide de la personalidad y trastorno esquizotípico, pero también peritos que descartaron cualquier diagnóstico. Dos médicos designados por el Estado concluyeron que Holmes era cuerdo al momento del ataque. El jurado deliberó durante 13 horas a lo largo de dos días y lo encontró responsable de sus actos en todos los cargos. En agosto de 2015 fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. La sentencia acumuló doce cadenas perpetuas más 3.318 años de prisión, una de las penas más largas de la historia judicial de Estados Unidos.
En octubre de 2015, un interno llamado Mark “Slim” Daniels agredió a Holmes en la Penitenciaría Estatal de Colorado mientras ambos se cruzaron en un pasillo. Holmes no resultó herido. Cumple su condena con cuatro horas diarias permitidas en el salón común y sin que ningún otro interno pueda acceder a su celda.
El profesor de psiquiatría David Healy declaró a la BBC: “Creo que si no hubiera tomado la sertralina, no habría matado a nadie”. Pfizer, el laboratorio que desarrolló el fármaco, respondió en un comunicado que “no se ha establecido un vínculo causal entre el uso de sertralina y el comportamiento homicida” y que el medicamento “ha ayudado a millones de pacientes”. El psiquiatra forense William Reid sostuvo ante la BBC: “Para mí, el tiroteo fue consecuencia de una enfermedad mental. No tuvo ninguna relación con la medicación”.
