La máxima del filósofo alemán Immanuel Kant, «Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento», cobra relevancia en el contexto actual, donde la inteligencia artificial y los algoritmos influyen en las decisiones cotidianas.
El llamado de Immanuel Kant a “tener el valor de servirse del propio entendimiento” constituye, a más de 200 años de su formulación original en 1784, un pilar ineludible para comprender los riesgos de la sociedad contemporánea. En un entorno donde la inteligencia artificial y las redes sociales automatizan gran parte de nuestras decisiones cotidianas, la invitación kantiana, conocida históricamente bajo la divisa Sapere aude o “atrévete a saber”, adquiere un matiz urgente. El problema central identificado por el filósofo prusiano no era la carencia de inteligencia en los seres humanos, sino la falta de coraje para utilizar la propia razón sin la tutela constante de terceros.
En la actualidad, esta “tutoría” mutó de las figuras tradicionales, como líderes sociales o religiosos, hacia sistemas algorítmicos que perfilan el comportamiento y las preferencias del usuario. Como señaló el académico Edier Adolfo Giraldo Jiménez en el portal Al Poniente, el riesgo reside en la “gubernamentalidad algorítmica”, un fenómeno donde el sujeto delega su discernimiento en herramientas digitales. Aunque estas tecnologías facilitan la existencia, el peligro surge cuando se convierten en tutores que dictan rumbos de vida, lo que transforma a los adultos en lo que Kant denominaba personas en estado de “minoría de edad”: individuos con pereza o cobardía para pensar por cuenta propia.
Desde la Universidad Nacional Autónoma de México, especialistas destacaron que la obra de Kant sigue como un faro para las nuevas generaciones debido a su enfoque en la autonomía ética. Pedro Stepanenko Gutiérrez, investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas, subrayó que la “autonomía de juicio” es el mejor antídoto contra la posverdad y la manipulación de la opinión pública. Para el investigador, el imperativo categórico kantiano permite a los ciudadanos salir de la infancia mental y asumir la responsabilidad plena por sus acciones. La libertad, lejos de ser un hacer desmedido, es definida por Kant como la capacidad de autodeterminación racional.
Esta perspectiva se extiende al ámbito educativo, donde el filósofo advertía que los sistemas basados estrictamente en premios y castigos condicionan al individuo a actuar por conveniencia y no por convicción. En una idea paralela de Kant, educar mediante estímulos externos genera adultos que abandonan la rectitud si no hay una retribución directa. El pensador, nacido en 1724 en Königsberg, insistía en que la verdadera moralidad nace del deber interiorizado, una lección que interpela las prácticas de crianza de 2026, donde a menudo se prioriza la inmediatez sobre el desarrollo del carácter.
La vigencia de su pensamiento no se limita a la moral o la política, sino que alcanza el sentido mismo de la vida. Kant sostenía que aunque el origen humano es común, pocos se atreven a definir su propio destino. La invitación a pensar por uno mismo no es un ejercicio cómodo, sino que exige esfuerzo, responsabilidad y la valentía de sostener una mirada propia frente a la presión de la mayoría o la influencia de un algoritmo.
En un mundo polarizado y altamente tecnológico, la filosofía de Kant recuerda que la dignidad humana radica, esencialmente, en la libertad de ejercer el pensamiento propio con rigor, autonomía y responsabilidad, para evitar convertirnos en meros espectadores de nuestras propias existencias.
