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sábado, 23 mayo, 2026
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Veterinarios explican por qué no recomiendan retar a los perros

Especialistas en comportamiento animal señalan que retar a un perro puede ser contraproducente para su bienestar y detallan las razones científicas detrás de esta recomendación.

Uno de los hábitos más comunes al convivir con un perro es llamarle la atención o retarlo cuando hace algo incorrecto. Aunque a primera vista parece la forma lógica de revertir una mala conducta, los expertos en comportamiento animal coinciden en que este método no solo es ineficaz, sino que además afecta profundamente el bienestar del animal y debilita el vínculo con sus tutores.

Tal como indicaron los especialistas, cuando se reta a un perro, se suele proyectar en él la psicología humana, al asumir que entenderá el motivo del enojo. Sin embargo, la realidad es diferente: el animal no asocia el reto con la acción pasada, sino que reacciona con temor ante el lenguaje corporal enojado de su tutor.

Esta postura está respaldada por la etología clínica actual. El Grupo de Medicina del Comportamiento de AVEPA, en su espacio sobre Educación amable y positiva, advirtió que los métodos de educación basados en el castigo o la dominancia deterioran gravemente el bienestar de la mascota. Según explicó, el uso de la fuerza o el reproche compromete la seguridad del animal y suele generar respuestas de miedo y conductas defensivas indeseadas.

Por este motivo, insisten en que la verdadera educación debe construirse sobre el respeto mutuo y la confianza, y no sobre el temor a un castigo inminente.

Las cinco razones por las que el reto no es la opción

A la hora de evaluar por qué levantar la voz o castigar no soluciona los problemas de conducta, los etólogos destacaron los siguientes puntos:

  • Falta de asociación temporal: los perros viven en el presente. Si el reto no ocurre en el momento exacto en que comete la acción, el animal no entenderá qué provocó el enojo.
  • El mito de la “cara de culpa”: cuando un dueño llega a casa, ve un desorden y reta al perro; este suele agachar las orejas o esconder la cola. La ciencia demostró que esto no es culpa ni arrepentimiento; es una respuesta de sumisión ante la actitud amenazante del humano.
  • Activación del estrés: en lugar de procesar información para aprender, el cerebro del perro entra en modo de supervivencia debido a la ansiedad de la situación.
  • Ruptura de la confianza: el tutor deja de ser una figura que brinda seguridad y se convierte en un estímulo impredecible que genera temor, lo que daña el vínculo.
  • No ofrece alternativas: el reto le dice al perro lo que no debe hacer, pero lo deja sin herramientas para saber cuál es el comportamiento correcto que se espera de él.

En lugar de centrar la atención en el error, la educación canina sugiere cuatro pilares fundamentales:

  • Conexión inmediata: premiar la conducta deseada en el momento justo en que ocurre para que el perro asocie el premio con su acción.
  • Redirección: si el perro muerde un zapato, no gritarle; retirar el objeto y darle a cambio un juguete apto para morder, felicitándolo cuando lo use.
  • Constancia y paciencia: los animales aprenden por repetición en ambientes predecibles. Mantener reglas claras evita confusiones.
  • Ambiente seguro: un entorno libre de tensiones reduce los niveles de ansiedad general del perro, lo que acelera y facilita cualquier proceso de aprendizaje.
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