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lunes, 4 mayo, 2026
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María Roca: “Tenemos que aprender a usar bien nuestro capital cerebral”

La neurocientífica y psicóloga explica cómo la tecnología afecta nuestra atención y propone claves para gestionar mejor los recursos cognitivos en la era digital.

¿Cuántos teléfonos te acordás? ¿Cuánto tiempo tardás en conseguir esa película que querés ver? ¿Y en averiguar la ruta para llegar a un lugar? No hay dudas acerca de que nuestro cerebro destina hoy muchos menos recursos a esas tareas y que su capacidad de atención se redujo. ¿Eso implica que perdimos habilidades de las que gozábamos antes de que el celular se convirtiera en un apéndice de nuestro cuerpo, en una especie de disco rígido externo? ¿Es eso indefectiblemente negativo? No, tranquiliza María Roca, neurocientífica y psicóloga, investigadora del CONICET y coordinadora de actividades de divulgación comunitaria en la Fundación INECO.

“Las cosas vienen cambiando muy rápidamente, pero las habilidades del cerebro no por eso valen menos, al contrario, son cada vez más importantes”, afirma Roca. La clave, sostiene, está en “poder convertirnos en dueños de nuestro propio capital cerebral”. ¿Qué significa? “Poder ser el dueño de tu propio foco, decidir en qué gastás el tiempo, cómo lo gestionás adecuadamente para no pasar horas scrolleando una pantalla y darte cuenta que al final no hiciste lo que tenías que hacer”, ejemplifica.

La neurocientífica no tiene una visión apocalíptica de los avances tecnológicos. Desde la televisión al celular o la inteligencia artificial, “todo puede transformarse en un recurso o una distracción”, dice. Eso es lo que transmite junto a Facundo Manes en Descubriendo el Cerebro 2 (Editorial Planeta), un libro pensado para chicos desde 10 años en adelante, que incluye actividades y experimentos que ayudan a entrenar la atención, hacer un buen uso de las nuevas tecnologías y administrar de manera más eficiente el tiempo.

Roca señala que muchas de esas cuestiones también se trabajan en empresas: “Nos acostumbramos a trabajar con 25 pestañas abiertas que nos distraen”. Se estima que cada día perdemos entre 2 y 3 horas de productividad a causa de distracciones.

—Antes hablábamos de capital mental y decíamos que era la suma de recursos intelectuales y afectivos que tiene una persona. Hoy se habla más de capital cerebral como toda la potencialidad que tiene tu cerebro, que es la combinación de tu salud cerebral y tus habilidades cognitivas. La salud cerebral es qué tan bien cuidado está el cerebro, cuando no tiene patologías que van desde enfermedades cerebrovasculares, degenerativas o alguna cuestión asociada a la salud mental; pero también qué tan ágil es: si descanso más, me acuerdo mejor; si hago ejercicio también y aprendo más, soy más productiva y manejo mejor el estrés. Mientras que las habilidades cognitivas o cerebrales de una persona son su capacidad de tomar decisiones, su memoria, su capacidad de resolver problemas, de ser creativo. Todo eso es lo que hoy se considera el capital cerebral, que existe a nivel individual, pero también a nivel equipos de trabajo y hasta de países.

—¿Qué pasa con el cerebro de los chicos, de los nativos digitales, que nacieron con todo eso ya dado?

—Las habilidades del cerebro y el cerebro se desarrollan en un interjuego de variables genéticas con lo ambiental. Entonces, aquellas cosas a las que vos fuiste expuesto son aquellas habilidades que vas a desarrollar. ¿Por qué nos acordamos más teléfonos de la infancia o la adolescencia que los actuales? Porque ahora no nos hace falta recordarlos. Las funciones que se desarrollan son las que se usan. El cerebro no viene dado, cerrado como un paquetito, sino que aquello que usás y que entrenás y que practicás es aquello en lo que tu cerebro se va a fortalecer. Definitivamente, el acceso a las nuevas tecnologías versus el no acceso en nuestra primera infancia hace que todo se cablee diferente, que las habilidades sean diferentes. Nosotros podíamos pasar 30, 40 minutos leyendo. Estábamos entrenados en hacer una cosa a la vez por un tiempo largo. A medida que eso no es parte de la primera infancia o de la niñez, esa habilidad se ve más afectada. Pero nos pasa a nosotros también.

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