El exsecretario de Obra Pública del kirchnerismo intentó sostener su inocencia y la de Cristina Kirchner durante la última audiencia del juicio, sin abandonar su régimen de imputado colaborador.
La última audiencia del juicio de los cuadernos de las coimas le ofreció a José López la posibilidad de reconvertirse una vez más. Frente a los jueces del tribunal, el exsecretario de Obra Pública del kirchnerismo puso a media asta su declaración como arrepentido e intentó sostener su inocencia y la de Cristina Kirchner sin hacer implosionar su régimen de imputado colaborador.
Durante casi 30 minutos, leyó un libreto en el que afirmó que durante su época como funcionario “actuó siempre dentro de los parámetros de la política”, una actividad en la que no siempre es fácil saber “si se cruzan o no algunos límites”.
López fue el hombre fuerte de la obra pública durante todo el kirchnerismo. En el organigrama, respondía a Julio De Vido, ministro de Planificación, pero su vínculo con el matrimonio Kirchner nació en Santa Cruz. Con Néstor Kirchner al mando del Ejecutivo provincial, López pasó a ocupar un lugar en Vialidad y luego a presidir Desarrollo Urbano. Después vendría la aventura nacional, desde 2004 hasta 2015.
Sin embargo, su huella más profunda en la vida pública la dejó meses después de dejar el poder, en la madrugada del 14 de junio de 2016, cuando fue sorprendido en un convento de General Rodríguez intentando ocultar casi 9 millones de dólares. Tenía en su poder relojes de alta gama y un rifle semiautomático.
El exfuncionario se convirtió en un lastre para el kirchnerismo con su decisión de apegarse al régimen de imputado colaborador en el caso cuadernos. Declaró durante más de diez horas frente al fiscal Carlos Stornelli, aportando detalles que corroboraron la existencia del sistema descripto por el chofer Oscar Centeno en sus anotaciones, precisando que los retornos oscilaban entre el 3 y el 7% y relatando que fue su jefe De Vido quien lo puso en conocimiento del mecanismo.
En su última presentación, López intentó desacreditar las declaraciones de otros imputados colaboradores, negó haber integrado una asociación ilícita y afirmó no haber tenido nunca la intención ni voluntad de cometer ningún delito. Sin embargo, nunca se desdijo de su confesión como arrepentido, lo que habría hecho caer su régimen de colaborador.
