Entre mediados de los años 70 y principios de los 80, un flujo de jóvenes y familias se asentó en la Comarca Andina, atraído por la búsqueda de una existencia más cercana a la naturaleza y alejada del contexto urbano y político de la época.
En febrero de 1976, Raquel Sabatier y Dany Olivet, con 20 y 22 años y una hija pequeña, dejaron su departamento en San Isidro. Sintiendo el agobio de la ciudad, partieron en moto hacia el sur con la idea inicial de recalar en Bariloche. Sin embargo, continuaron su viaje hasta llegar a Epuyén, donde una chacra con un rancho humilde los convenció de que habían encontrado el lugar para una nueva vida.
Un año después, en marzo de 1977, Fede Lichter, conocido como Friki, bajó de un tren con una carta de presentación. Con 22 años y sintiendo la amenaza constante de la dictadura militar para estilos de vida alternativos, viajó hacia la Patagonia en busca de otra realidad, guiado por una red de contactos que lo llevó desde Epuyén a su destino final.
Por su parte, Cuqui Honik, un farmacéutico y viajero, regresó al país a mediados de 1978 después de años recorriendo el mundo. Con el deseo de vivir en un lugar de montaña, se dirigió a El Bolsón, donde, tras una primera impresión no del todo positiva, descubrió la riqueza cultural de los recovecos del bosque patagónico.
En 1982, en plena Guerra de Malvinas, Alejandra Piovano y Balín Sívori tomaron la decisión de irse. Sabiendo que «esos primeros hippies» habían migrado hacia el sur, iniciaron un viaje que también terminó en El Bolsón, donde sintieron haber encontrado un paraíso.
Hoy, la Comarca Andina, un corredor de pueblos ubicado en el noroeste de Chubut y el sur de Río Negro —que incluye El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Epuyén, El Maitén y Cholila—, reúne cientos de historias similares. Este territorio funcionó como un imán para la contracultura, atrayendo trayectorias diversas con una coincidencia central: la idea práctica de ensayar otra forma de vida, más dura y compleja, pero enmarcada en una naturaleza imponente.
La llegada implicó una serie de pruebas, desde encontrar dónde dormir hasta moverse en un entorno donde todo dependía de acuerdos de palabra y caminos de ripio. Para Raquel, la decisión había madurado desde diciembre de 1975: querían irse de la gran ciudad, buscar «otro mundo mejor» y criar a sus hijos más cerca de la naturaleza. Su primer contacto con El Bolsón fue la percepción de «la nada», con una sola calle asfaltada. Epuyén era un lugar aún más abstracto y desconocido.
Friki llegó impulsado por la urgencia de cortar con Buenos Aires en un momento político «bastante complicado» con los militares. Alejandra, cuya juventud mezcló la emoción con una sociedad conservadora y luego el quiebre del proceso militar, decidió junto a su pareja que era momento de salir, especialmente tras el conflicto de Malvinas.
Estas experiencias individuales forman parte de un fenómeno migratorio más amplio que marcó la identidad de la región, donde la búsqueda de una vida alternativa se encontró con los desafíos y las recompensas de la Patagonia.
