Especialistas destacan la importancia de que los adultos inicien conversaciones sobre sexualidad de manera abierta y anticipada, evitando enfoques basados únicamente en el miedo o la biología, para acompañar el desarrollo integral de los jóvenes.
Iniciar una conversación sobre sexualidad con hijos e hijas adolescentes suele representar un desafío para muchas familias. A pesar de la circulación de información en diversos medios, establecer un diálogo fluido en el hogar no siempre es sencillo. Según expertos, superar la incomodidad inicial es fundamental para un acompañamiento adecuado.
Patricia Safadi, psicóloga y sexóloga, explica que la iniciativa para hablar del tema suele depender de los adultos. «Es el adulto el que puede hacerse más cargo de sortear estos impedimentos y buscar mostrarse abierto y amigable al proponer el diálogo», afirma. Esta apertura es relevante considerando los datos sobre el inicio de la vida sexual en la adolescencia.
Según la última Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva (2013), la edad promedio de la primera relación sexual es de 17 años en mujeres y 16 en varones. Un estudio más reciente, la Tercera Encuesta Mundial de Salud Escolar (2018), indicó que casi el 42% de los adolescentes de 13 a 17 años en Argentina ya había tenido relaciones sexuales.
«Idealmente, hay que hablarlo antes de que el adolescente esté expuesto a experiencias sexuales reales o a información distorsionada», recomienda Safadi. La falta de un espacio de diálogo, advierte, puede generar sentimientos de soledad y desconcierto en los jóvenes, y en algunos casos, conducir a conductas impulsivas.
Errores frecuentes y recomendaciones para el diálogo
La especialista identifica varios enfoques que suelen obstaculizar una comunicación efectiva:
- Concentrar todo en una única charla: Intentar abordar todos los temas en una sola conversación puede generar incomodidad y falta de cercanía emocional.
- Un enfoque centrado exclusivamente en los riesgos: Hablar solo desde el miedo (embarazos, enfermedades) puede provocar culpa, miedo o rechazo al tema.
- Reducir la conversación a lo biológico: No incluir lo emocional limita la comprensión de la sexualidad en un contexto más amplio, vincular y afectivo.
- Dinámicas que cierran el diálogo: Interrogar, invadir o imponer genera hermetismo y actitud defensiva en los adolescentes.
Para Safadi, el tono es crucial. Se recomienda evitar un enfoque «catedrático» y buscar una conversación en una atmósfera de confianza. Frases como «si alguna vez querés hablar de sexo, relaciones o dudas, podés preguntarme sin problema» pueden servir como puerta de entrada.
Ampliando el enfoque de la conversación
Abordar la sexualidad de manera integral implica ir más allá de la información básica sobre biología y prevención. La experta sugiere incluir temas como el placer, el bienestar, el consentimiento, la sexualidad digital, la imagen corporal, la diversidad, la influencia de la pornografía y las presiones sociales.
«Todo lo que surja en la mesa familiar puede ser enriquecedor e informativo no sólo para los adolescentes de la familia, sino para todo el grupo», señala. Con el tiempo, cuando el tema deja de ser tabú, el diálogo puede volverse una posibilidad siempre abierta y natural, superando la idea de una «gran charla» única.
