Un Cadillac Serie 62 de 1963 fue personalizado por encargo de Häagen-Dazs para convertirse en un carrito de helados conceptual. El vehículo, que será subastado, destinará lo recaudado a programas educativos de un museo automotor.
A simple vista parece una excentricidad, pero detrás de su estética llamativa hay un proyecto que combina diseño, cultura pop y un destino solidario. Se trata de un Cadillac Serie 62 descapotable de 1963, intervenido por el célebre estudio californiano West Coast Customs para rendir homenaje a la marca de helados Häagen-Dazs.
El objetivo no fue crear un vehículo de reparto, sino un modelo conceptual pensado para exhibiciones y eventos de alto impacto visual. La intervención respetó la esencia del Cadillac original, sin alteraciones estructurales ni mecánicas, conservando su instrumentación y líneas características de los años 60.
La transformación se concentró en la identidad estética: la carrocería y el interior adoptaron los tonos borgoña y crema de la heladería, y los cromados originales fueron reemplazados por terminaciones en crema mate. Los emblemas de Cadillac cedieron su lugar a los logotipos de Häagen-Dazs.
En el interior, los tapizados de cuero y el logo bordado refuerzan la puesta en escena. Entre los detalles curiosos aparece un soporte especial para dos cucuruchos en el apoyabrazos central. El baúl fue diseñado como un espacio escenográfico con tapa espejada, iluminación LED, sistema de sonido y un refrigerador integrado para conservar helados en eventos.
El auto forma parte de la colección ‘The Vault’ del Petersen Automotive Museum, donde permanecerá antes de ser subastado. Todo lo recaudado en la subasta será destinado a los programas educativos y sociales del museo, orientados a acercar a niños y jóvenes de contextos desfavorecidos al mundo de la automoción, la educación técnica y la preservación del patrimonio automotor.
