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lunes, 30 marzo, 2026
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La juventud como territorio en expansión y disputa

¿Cuándo comienza y cuándo termina la juventud? Esta pregunta, aparentemente simple, hoy carece de una respuesta clara. La historiadora Valeria Manzano, especializada en estudios culturales y sociales, sostiene que los límites de esta etapa se han expandido y borrado, generando un fenómeno donde tanto la infancia como la adultez buscan apropiarse de sus símbolos.

Un ingreso precoz y una salida postergada

Manzano señala que la «adolescentización» de la infancia ocurre cada vez más temprano, influenciada por patrones de consumo, vestimenta y cierta sexualización mediática. En el extremo opuesto, la salida del territorio juvenil se ha vuelto compleja. El proyecto tradicional de formar un hogar propio, que marcaba el fin de esa etapa, se pospone o cancela debido a obstáculos económicos, principalmente la dificultad para dejar el hogar familiar.

«Existe un deseo colectivo de seguir estando dentro de ese territorio», afirma la investigadora. Este anhelo se manifiesta en hábitos de consumo y en prácticas culturales que buscan extender la juventud. Un dato que ilustra esta tendencia es que Argentina ocupa el segundo lugar en América Latina en cantidad de procedimientos estéticos.

La adultez, un concepto en crisis

El edadismo y la búsqueda de la juventud perpetua

Para Manzano, el «edadismo» –la discriminación por edad que asocia vejez con decrepitud– es un motor de este fenómeno. La contraposición social parece haberse desplazado hacia una dicotomía entre juventud y deterioro, omitiendo a la adultez como una etapa válida y deseable en sí misma. «Deberíamos volver a pensar qué quiere decir ahora ser adulto», propone, indicando que ese concepto se encuentra en un proceso de difuminación.

Marcadores históricos y nuevas rupturas

En términos de continuidad, el Estado ha consolidado marcadores de edad a través del sistema educativo. La obligatoriedad de la escuela media y la expansión de la educación superior universitaria desde los años 80 han extendido institucionalmente la etapa juvenil. Sin embargo, se ha producido una ruptura fundamental: la creencia de que más educación garantiza automáticamente una movilidad social ascendente se quebró en los años 90 y no se ha logrado recomponer.

Otro eje de análisis es la relación intrínseca entre identidades juveniles, cultura de masas y consumo. En la era digital, los jóvenes vuelven a ocupar un lugar central como «nativos digitales», marcando una brecha generacional profunda con quienes no crecieron con estas tecnologías.

Juventud y participación política

El vínculo entre juventud y política de masas es histórico. A lo largo del siglo XX, los partidos con aspiraciones de relevancia desarrollaron sus ramas juveniles para proyectarse hacia el futuro. Este patrón continuó en el siglo XXI, con una intensa atracción de jóvenes hacia organizaciones de todo el espectro ideológico. Las grandes movilizaciones de las últimas décadas, como la renovación de los feminismos, han tenido a los jóvenes como protagonistas indiscutidos, demostrando su capacidad para impulsar agendas y transformar el debate público.

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