Mientras el Gobierno insiste en mostrar señales de “recuperación”, la realidad cotidiana de millones de argentinos vuelve a reflejar lo contrario: el consumo de carne vacuna cayó a su nivel más bajo en las últimas dos décadas, en un país donde históricamente fue un símbolo de acceso al alimento y del poder adquisitivo popular.
Salarios en caída, carne cada vez más cara
Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo per cápita se ubicó en apenas 47,3 kilos por persona al año, lo que significó una reducción de alrededor de 1,2 kilos por habitante por año y una baja interanual del 2,5 por ciento, tomando en cuenta el mes de febrero. Así también casi 15 kilos menos que hace dos décadas. La cifra confirma una tendencia que se profundiza año tras año y que ya no puede explicarse sólo por cambios culturales, ya que, la caída está directamente vinculada al deterioro del salario real y al aumento de los precios de los alimentos.
El informe muestra una paradoja cada vez más evidente: mientras se reduce la producción y cae el consumo interno, los precios siguen subiendo muy por encima de la inflación general. Solo en los primeros meses de 2026, los cortes de carne acumularon subas cercanas al 12%, el doble que el índice general de precios.
El resultado es claro, lo que durante décadas fue un alimento básico de la mesa popular hoy se transforma en un producto cada vez más inaccesible. La caída del consumo no responde a una decisión voluntaria de las familias, sino a un ajuste que se siente directamente en la comida.
Pico Histórico (2014)
62.6kg
Caída ’14-’26 (Proy.)
24.4%
Exportaciones en alza y mercado interno en retroceso
Otro dato que expone el modelo económico actual es el cambio en el destino de la producción. Mientras el consumo interno pierde participación, las exportaciones continúan creciendo. Solo en los dos primeros meses de 2026 los envíos al exterior aumentaron más del 6%, impulsados por los precios internacionales y la demanda de mercados como Estados Unidos y Europa.
Es decir, la carne sigue siendo un negocio rentable, pero cada vez menos para el mercado interno. El problema no es que falte producción, sino que el esquema económico prioriza la rentabilidad exportadora por encima del acceso de la población a los alimentos básicos.
El ajuste también se siente en el plato
El dato de los 47 kilos por habitante no es solo un número estadístico. Representa una transformación profunda en la vida cotidiana, donde familias que reemplazan la carne por productos más baratos, recortes en la dieta y un deterioro del acceso a proteínas básicas. Según el propio informe de CICCRA, el consumo ya se ubica en el nivel más bajo en 20 años y sigue una tendencia descendente desde 2008.
Por otro lado, un relevamiento de AZ-Group en base a la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte), sostuvo que durante la gestión de Milei el salario promedio tuvo un precio equivalente a 112 kilos de carne, un número, 20 kilos menos que con el gobierno de Alberto Fernandez y mas de 50 menos que durante los gobiernos de Mauricio Macri y CFK.
En un país productor de alimentos, la caída histórica del consumo de carne no puede leerse como un simple cambio de hábitos. Es, sobre todo, un síntoma del modelo económico actual: producción orientada al mercado externo, precios liberados y salarios que pierden frente a la inflación.
