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El escándalo con Aníbal Fernández vuelve a exponer la falta de voceros en el Gobierno

El Gobierno intenta dar por terminado el escándalo por la amenaza de Aníbal Fernández a Nik. Así lo dejó en claro este martes Presidencia, cuando funcionarios oficiales transmitieron la decisión de Alberto Fernández de no pedirle la renuncia al ministro de Seguridad y aceptar las “disculpas públicas” que le ofreció al dibujante un día después de revelar el colegio donde iban sus hijas.

En cualquier caso, el exabrupto generó un cimbronazo en la Casa Rosada a un mes para las Legislativas porque cortó con la saga de anuncios, del denominado “plan platita“, que se había trazado para la campaña, en línea con el slogan del “Sí” propuesto por el consultor Antoni Gutiérrez Rubí, y volvió a exponer la falta de funcionarios que puedan oficiar de voceros públicamente.

En la reconfiguración del Gabinete, Aníbal había quedado entre los funcionarios de mayor exposición. Con el Presidente enfocado en una agenda con perfil más bajo y reuniones a puertas cerradas, y sin su álter ego Santiago Cafiero en la Jefatura de Gabinete ni Juan Pablo Biondi, el incondicional albertista que manejó la comunicación durante los primeros dos años de gestión y fue eyectado a pedido de Cristina Kirchner, ni siquiera hizo falta que desde la Casa Rosada se trazara la estrategia.

La escasez de voces oficiales, el tan auspiciado (por el Frente de Todos) “volumen político” del ministro en relación a su antecesora Sabina Frederic, de perfil muy bajo, y su decisión personal de “salir a defender al Gobierno”, como reclamaba cuando no era parte del Gabinete, le abrieron el camino ni bien asumió.

Aníbal arrastra la marca y sirve para pegarle a la oposición“, le destacaban en Balcarce 50, poco después de su asunción, en medio de la convulsión interna que vivía el Gobierno tras la derrota electoral y la dura carta de Cristina que puso en jaque la unidad frentetodista.

También con términos futboleros, los más criteriosos ponían reparos sobre el alto nivel de exposición que ganó con esas ruedas de prensa a primera hora en la sede del Ministerio, en calle Gelly y Obes, y advertían sobre lo que finalmente ocurrió. “Es bárbaro mientras patea al arco rival, pero hay que cruzar los dedos para que ninguna vaya en contra“. Algunos de los que alertaron sobre este punto ya no están en el Gobierno: uno es el secretario de Medios y Comunicación Pública, Francisco Meritello.

Para el Gobierno, el exabrupto llegó en el peor momento. Es que desde los primeros días de octubre había logrado llevar la discusión política al terreno que había propuesto Rubí: los anuncios económicos para distintos sectores tuvieron como objetivo seducir seducir a una porción del electorado y fortalecer el slogan de la campaña del “Sí” y al mismo tiempo dejar a la oposición en la vereda del “No”, por rechazarlos en el intento por visibilizar que se tratan de medidas “electoralistas”.

“Cambió la agenda de vuelta, nos pone de vuelta a dar explicaciones y con una ‘agenda negativa’“, mascullaba bronca un alto funcionario con despacho en Casa Rosada. 

Aunque la explicación que Aníbal le dio en la charla que mantuvieron el lunes conformó al Presidente, la idea del Gobierno es “que se guarde unos días” para volver a reconfigurar la agenda mediática. El dilema es que, nuevamente, queda expuesta la falta de voceros del oficialismo capaces de cubrir ese vacío.

Manzur intenta de a ratos hacerlo, pero todavía está más dedicado a la tarea de tejer vínculos puertas adentro con los distintos resortes vinculados a la gestión que al aspecto comunicacional.

Los ministros más cercanos a Alberto F., como Juan Zabaleta (Desarrollo Social) y Gabriel Katopodis (Obras Públicas), que tienen un rol clave en la campaña a nivel territorial y podrían transformarse en portavoces válidos, todavía sufren el impacto lógico de la dura interna que enfrentó al Presidente y su vice. 

Algo similar ocurre con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, incondicional a Cristina y a La Cámpora. Si bien intenta recomponer con el Presidente y en las últimas horas fue el encargado de transmitir el balance del almuerzo con empresarios, las heridas de su “renuncia a disposición” sin aviso todavía no terminaron de cerrar.

En el medio, se reaviva el debate sobre la conveniencia de sumar una voz con peso específico pero sin responsabilidad de gestión que pueda marcar agenda. Como contó Clarín, la diputada Gabriela Cerruti suena para sumarse al esquema de comunicación, aunque en el Gobierno dicen que no como portavoz del Presidente.  

Por lo pronto, Aníbal intentará salir del escándalo con más gestión y menos apariciones públicas. Este jueves desembarcará en Rosario, donde junto al gobernador Omar Perotti encabezará el acto de presentación de las fuerzas federales que se instalarán para intentar combatir al narcotráfico. Ya cuenta con un equipo que se encargará de sus redes sociales y evalúa el pedido de la Rosada de que deje el Twitter a tiempo completo, como tuvo que hacer el Presidente luego de varios errores no forzados. 

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